¿Adónde va el movimiento obrero?

La actual dirección del  movimiento obrero acepta el capitalismo como si fuera el único sistema posible en el cual organizar la vida humana. Sin embargo, el sistema capitalista está en declive, aquí y en todo el mundo. Esa posición ha llevado a los trabajadores a un callejón sin salida tras décadas de decadencia.

Como resultado, la clase obrera española se ha mantenido en una especie de hibernación prolongada. Salvo algunas excepciones, el movimiento obrero de este país lleva mucho tiempo sin protagonizar una lucha.

Para aquellos que sólo alcanzan a ver la superficie de la sociedad esto quiere decir que la clase obrera ya no existe, o que ya no es una fuerza revolucionaria para el cambio. Desde el marxismo, el mundo se analiza dialécticamente, mirando más allá de las apariencias superficiales, llegando a la conclusión de que mientras exista el capitalismo y la división de la sociedad en clases sociales, también persistirá la lucha de clases.

Es necesario romper completamente con el enfoque del pasado reciente. Sólo mediante políticas que reconozcan que existen intereses irreconciliables entre los trabajadores y los capitalistas, y organizando el poder de los trabajadores para la victoria, se podrá mostrar el camino a seguir. En lugar de movilizar, ganar luchas e inspirar a los trabajadores en la lucha colectiva para mejorar sus vidas, los dirigentes obreros reducen a la mínima expresión lo que significa ser sindicalista.

La conclusión a la que llegamos es que los dirigentes de los trabajadores no tienen ninguna confianza en la clase obrera, y ven en su apaciguamiento y acuerdos opacos la única forma de mantener sus posiciones. Pero ni los sindicatos, ni sus dirigentes, ni sus filas son estáticos. Los dirigentes reflejan el pasado, no el presente ni el futuro. Al final, las formas de organización, estrategia y tácticas de los sindicatos tendrán que sintonizar con la realidad. A su tiempo, los “batallones pesados” de la clase obrera se unirán a la lucha.

En los tormentosos años venideros, los sindicatos existentes se renovarán de arriba a abajo, nuevos sindicatos aparecerán y barrerán a los antiguos.

La vieja guardia sindical se verá empujada hacia la izquierda o expulsada en su conjunto. La juventud será un factor clave en este proceso, a medida que se multipliquen los numerosos movimientos sociales, las luchas laborales y afiliaciones sindicales que surgirán antes de fundirse en una lucha política y económica conjuntas por un cambio fundamental de la sociedad. Los capitalistas cada vez tienen menos opciones de mantener sus ganancias manteniendo la relativa paz social, así que dependerán aún más fuertemente de los dirigentes sindicales para mantener a los trabajadores bajo control. En un país tras otro, dada la crisis del capitalismo y la débil posición en la que se encuentra la burguesía, se constata que ésta no podría continuar gobernando sin la ayuda de los dirigentes obreros.

Cuando no hay ninguna salida política clara con la que expresarse, los trabajadores tienden a pasar a la acción en todos los ámbitos, en forma de luchas económicas y sindicales. Asimismo, cuando estas luchas no tienen éxito, tienden a buscar una solución política. La falta de un partido de  la clase trabajadora comporta muchas contradicciones y confusiones en este proceso general. Por falta de alternativa, muchos trabajadores han intentado encontrar una salida mediante el apoyo a los partidos de “izquierdas” incluso de derechas. Sin embargo, estas idas y venidas entre “males menores” están llegando a sus límites. Ambas partes están desacreditadas.

La falta de un partido de los trabajadores tradicional a nivel nacional le permitió a la patronal mantener las ganancias y hacer retroceder a los sindicatos, disminuir los salarios, los derechos y las conquistas de los trabajadores del pasado. Pero cuando suba la marea de la lucha de clases, la nueva ola de sindicalización y el surgimiento de un partido de los trabajadores serán mucho más difíciles de controlar y canalizar.

Los marxistas tienen plena confianza en la clase trabajadora. Entendemos que los trabajadores se moverán cuando están listos para ello, no antes – ni después. Ya hay signos importantes del despertar de este poderoso y decisivo poder social. Estas primeras fases son necesariamente dispares y poco definidas. Pero una vez se ponga en marcha, ninguna fuerza en la tierra puede impedir que cambie la sociedad, siempre que esté armada de una dirección y métodos y perspectivas adecuadas.

La clase trabajadora Española tiene una gran tradición de lucha y éxitos contra la patronal. El futuro del movimiento trabajador tendrá  más en común con su heroico y militante pasado, que con la bajamar del periodo más reciente. Tenemos que ir armando el Partido de los trabajadores.

Autor: Janus

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