¿Qué recuperación? ¿Qué beneficiados? – I

La discusión de cara a las próximas citas electorales tiene como componente principal la situación de la economía. El partido en el gobierno afirma que ya hay indicadores que señalan una mejoría, siendo uno de ellos el descenso del paro. El principal partido de la oposición no rechaza esos supuestos síntomas de mejora, y simplemente afirma que, mientras el paro siga alto, no hay motivo para presumir. En cualquier caso, parece que ambos están de acuerdo en admitir una evolución positiva, y sólo discrepan en cuanto a la oportunidad de mostrar caras de satisfacción mientras queda gente que lo pasa mal.

Sin embargo, lejos de la escenificación de los grandes partidos, los propios afectados, los trabajadores, debemos hacer nuestro propio análisis para averiguar si realmente ha habido alguna mejora y, de haberla habido, quién la esta disfrutando. No es menos importante intentar prever el efecto futuro de las medidas económicas, sociales y laborales que se están tomando, con la intención de valorar el panorama hacia el que nos llevaría una continuación de esta política.

No hay motivo para que tengamos que dejar en manos de “expertos” la interpretación de los datos económicos. Igualmente, no debemos por menos que cuestionar las alabanzas a la economía española de boca de unos políticos y economistas europeos que no han dejado de dar como único remedio a nuestros males la renuncia a derechos laborales y sociales. Nosotros somos protagonistas en primera persona de los cambios que se han dado en el mercado laboral en los últimos años y, a partir de cierta edad, también hemos vivido la evolución que ha seguido la legislación laboral en las últimas décadas. Sería deseable que, yendo un poco más allá, profundizáramos en la historia del movimiento obrero; obtendríamos de sus luchas, logros, retrocesos y traiciones sufridas una mejor comprensión del momento actual.

La primera pregunta que nos podemos hacer es: ¿hasta dónde pueden llegar el tipo de “mejoras” que defienden desde gobierno y oposición? Para responder a esta pregunta tenemos que partir de un dato básico: los menos de dos millones de parados de mitad del año 2007 se dieron en el pico de la mayor burbuja especulativa que ha vivido este país. Es decir, no podemos soñar en acercarnos a esos valores en una economía española de vuelta en su realidad de país desindustrializado. Cuando nos hablan de que tendremos que esperar a no sé qué año para alcanzar los niveles de empleo previos a la crisis, están directamente mintiendo; no hay plan impuesto desde la Unión Europea que prevea hacer subir el empleo en nuestro país hasta el nivel de los países industrializados. El paro en una España de turismo, monopolios y extractivismo estará condenado a un nivel más próximo al actual que al que conocimos en el colmo de la especulación inmobiliaria, está condenado a ser el paro estructural de siempre.

Y no solo la cantidad de trabajo pinta mal, su calidad apunta incluso a un retroceso. Decíamos que España ha quedado configurada en Europa como un país de turismo y bajo valor añadido. No es una condena a la que nos veamos sometidos como espectadores; nuestro propio gobierno acata el designio y trabaja activamente para ello. Lo podemos comprobar cuando deja escapar al extranjero a los universitarios tan costosamente formados, elimina los presupuestos para investigación y modifica la educación universitaria para dejarla en tres años básicos caros más dos de especialización a un coste prohibitivo. La intención está clara: rebajar el número de universitarios en un mercado que no los necesita y hacer que los pocos imprescindibles provengan de familias que puedan pagarlo. Educación clasista para un futuro clasista.

Así pues, un horizonte de pocos trabajos y poco cualificados. Pero, ¿cuál es el presente del que tanto presumen? Es decir, ¿qué vemos desde el puesto de trabajo? ¿Qué efectos han tenido las reformas laborales del PSOE y del PP aplicadas durante la crisis? Desgraciadamente, para responder a estas preguntas, las diferencias de edad, de posición dentro de las empresas, de exclusión del mercado laboral o de relación con el sindicato nos impiden tener el mismo punto de vista de los cambios que se han producido. Los árboles de nuestras circunstancias particulares no nos dejan ver el bosque oscuro al que nos dirigimos en conjunto.

Al principio de la crisis fueron los trabajadores más fáciles de despedir, los temporales y los de menos antigüedad, los que perdieron su trabajo. En una segunda fase, las prejubilaciones primero y los EREs favorecidos por la reforma laboral del PP después, han supuesto el despido de trabajadores de mayor antigüedad. Éstos últimos se han llevado consigo las condiciones de trabajo más protegidas y mejor remuneradas. En las grandes empresas, los puestos más cualificados se han ido en muchos casos sin hacer ruido, al llevarse una buena indemnización (buena según los criterios actuales) con la que pretenden acabar de pagar deudas, costear a sus hijos los estudios que les faltan y aguantar sin muchos lujos hasta la jubilación. Asustados por lo que podían encontrarse después si no cogían ese último tren de despidos indemnizados, se fueron sin dar la batalla pública que su nivel de seguridad y autoridad les hubiera exigido. En la mayoría de los casos intentarán encontrar un trabajo más inseguro y peor pagado que el que han dejado, aunque son sabedores de las serias dificultades para encontrar trabajo a partir de los 45 años. En las medianas empresas que no tienen miedo a aparecer en los medios de comunicación, los EREs salvajes, aplicando el despido libre por causas económicas, se ha mandado a la calle a un perfil de trabajadores muy parecido con una mano delante y otra detrás.

Los puestos de trabajo que han quedado vacíos no han sido cubiertos en muchos casos. Las menos de las veces porque el descenso de la actividad económica no lo hacía necesario; en la mayoría porque el resto de trabajadores han asumido silenciosamente la carga de trabajo de sus compañeros despedidos por miedo a seguir sus pasos. En los casos en que nuevas contrataciones eran necesarias, los puestos dejados vacíos han sido cubiertos por las empresas con los modelos de contratación más precarios. En muchos casos con “jóvenes” en contrato de fomento del empleo, frecuentemente subcontratados. Estos contratos tienen subvencionada la seguridad social para el empresario y permiten el despido del trabajador sin más que alegar que no ha pasado el período de pruebas. La subcontratación en general se ha extendido o potenciado, presionando a la baja los precios del subcontratista para que sea este el que “haga de malo” ante el trabajador. En numerosas ocasiones se ha vuelto a contratar al trabajador previamente despedido utilizando una empresa interpuesta y, por supuesto, con condiciones muy por debajo de las anteriores.

En la calle quedan una aluvión de desempleados forzados a engrosar el ejercito de reserva del capitalismo. Encima tienen que aguantar el escarnio de que hagan juegos de palabras con su situación: los autónomos obligados a convertirse en explotadores de sí mismos ahora son emprendedores, a los jóvenes emigrantes trabajando como lavaplatos en Berlín les mueve “el espíritu aventurero”, etc. Como siempre, el más sincero por brutal es el representante de la patronal, en este caso J.L. Feito, cuando afirmó “la elección no es entre un miniempleo o un maxiempleo, sino entre un paro eterno, masivo y descomunal y un contrato”. Así, “un contrato”, cualquier contrato, con cualesquiera condiciones.

¿A qué condiciones laborales ha llevado esta revolución de la precariedad? Las estadísticas oficiales no reflejan la bajada de salarios en su cuantía real porque sólo tienen en cuenta el salario fijo. La realidad es mucho más compleja: se ha suprimido el variable de los sueldos, lo que para muchos trabajadores era el aumento acumulado encubierto; se han eliminado jornadas vacacionales y/o de asuntos propios y períodos de jornada intensiva; se “ruega” a lxs trabajadorxs echar unas horas sin cobrar extras; se juega con los turnos desde el alba al anochecer y de lunes a domingo, impidiendo a lxs trabajadorxs planificar su vida familiar o el descanso; se han quitado dietas, complementos como la subvención de guardería, etc; se ha forzado el cambio de ciudad sin ayuda para alquiler; se despide con menor indemnización; se crean contratos que no permiten cobrar el paro a su finalización; y sí, también se han forzado los descuentos en el salario fijo… Lo tomas o lo dejas. Mientras tanto, se trabaja en el desacople permanentemente de la subida de los salarios de la inflación para que los sueldos no vuelvan a subir ni aún en el caso de que la crisis se dé oficialmente por terminada.

Por eso, cuando el gobierno dice que ellos han parado la destrucción de empleo y son responsables de su crecimiento, mienten de manera descarada. El PP realizó una reforma laboral que iba a provocar una destrucción de empleos inicial premeditada y esperada. Ellos provocaron la oleada de despidos de 2012 y 2013 con la mitad de la reforma laboral que favorecía el despido, y ellos provocaron la recontratación de trabajadores que siguió con la otra mitad, la que acabó de convertir en normales los contratos basura. Lo que ha hecho el PP no es crear empleo, lo que ha hecho es sustituir a los trabajadores en mejores situaciones laborales por otros con menos salario y derechos.

Además, como indicábamos inicialmente, nuestro análisis no puede limitarse a lo acontecido en los últimos años. Para evitar caer en la ilusión de que todo ha sido un mal sueño que está a punto de acabar, debemos pensar en cómo va a evolucionar la situación de los trabajadores en un escenario post-crisis. Y desgraciadamente ese escenario no pinta más halagüeño. La reforma laboral no contiene ni un sólo artículo que esté limitado a un período de crisis; toda la legislación laboral que ahora estamos sufriendo es la que regirá nuestra vida laboral a partir de ahora, vaya bien o mal la economía. Tampoco podemos esperar una mejora proveniente de un cambio de gobierno: desde que entró en vigor el estatuto de los trabajadores de la transición, todas las reformas laborales han ido empeorando las condiciones laborales en sus puntos más importantes. Ninguna reforma del PP o del PSOE ha legislado para devolver un derecho importante retirado en una reforma anterior. Asumamos esto: estamos viviendo las relaciones laborales que vamos a sufrir hasta nuestra jubilación, y las únicas que van a conocer nuestros hijos, a menos que nos rebelemos para revertirlas.

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Autor: duval

Para saber más:

Sobre la reforma laboral del PP del 2012:

SAT: Manual para luchar contra la reforma laboral.

Hasta la reforma laboral del PSOE del 2011:

Vidal Aragones: La precariedad laboral.

Sobre la evolución del mercado laboral desde la transición hasta fin del siglo XX:

James Petras: El Informe Petras.

Encarna Ruiz Galacho: Las Reformas Laborales.

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