Salidas de las crisis y otra crítica desatinada

por Rolando Astarita.

En dos notas anteriores (Emisión monetaria y una crítica y Emisión monetaria e incoherencias) respondí a una crítica que me hizo el economista Fabián Amico, en una lista de discusión del grupo Economistas de Izquierda, relacionada con el tema monetario. En esta nota respondo a otra parte de la crítica de Amico, esta vez referida a la manera en que el capitalismo sale de las crisis. Cito a mi crítico, quien escribe:

“RA (Rolando Astarita) no tiene miedo en coincidir con los economistas más ortodoxos y reaccionarios de la corriente dominante. Dice: ‘En cada crisis económica la caída de los salarios, el aumento de la explotación vía incrementos de los ritmos de trabajo y el aumento de la «disciplina laboral» en los centros de trabajo son componentes claves para la recuperación de las ganancias empresariales y del crecimiento económico. En eso la visión de la economía estándar, neoclásica, de los economistas generalmente ligados a las instituciones financieras internacionales y a los gobiernos más conservadores, es mucho más realista que la de los economistas keynesianos‘.

Si la rentabilidad aumenta pero el mercado se achica, ningún empresario va a instalar nueva capacidad productiva, o a hacer ampliaciones de una planta si no tiene a quién venderle. Si la demanda está estancada y está usando pongamos el 70% de su capacidad de producción, no va a tener ningún incentivo a invertir. ¿Por qué habría de inmovilizar capital en la forma de equipos inútilmente? Esta idea muy sencilla se le escapa en sus alucinaciones porque RA quiere demostrar que hay una “imposibilidad económica” para salir de las crisis. Y el problema es netamente político”.

Honestidad intelectual y “miedos”

Mi crítico sostiene que quiero demostrar “que hay una imposibilidad económica para salir de las crisis”. Pero cualquiera que eche una ojeada a este blog podrá comprobar que es casi una obsesión en mis trabajos la crítica a las corrientes que sostienen que el sistema capitalista está siempre en crisis, o que las crisis son sin salida. Incluso en 2001-2, cuando en Argentina muchos hablaban de “crisis terminal”, planteaba que el capital podía salir de la crisis en base a la súperexplotación de los trabajadores, como finalmente ocurrió. Y cuando estalló la crisis mundial de 2007 no solo sostuve que no estábamos ante una crisis sin salida, sino también que no era de la gravedad de la del 30. Todo esto me valió muchas críticas de parte de grupos de izquierda, incluso ataques personales por parte de algunos desaforados (“provocador”, “simulador” y similares fueron algunos de los calificativos que recibí). Entiendo que Amico esté fastidiado con mis posiciones, pero esto no lo autoriza a atribuirme cualquier cosa. Solo le pido que tenga un mínimo de honestidad intelectual. ¿Cuándo afirmé que las crisis son “sin salida”? ¿Puede citar aunque sea un trabajo? ¿Por qué afirma algo que es manifiestamente una mentira? ¿Por qué miente?

En segundo término, es muy interesante la referencia de mi crítico a que no tengo miedo de coincidir con “los economistas más ortodoxos y reaccionarios de la corriente dominante”, ya que revela una prevención que subyace en los discursos de muchos intelectuales de izquierda. Consiste en cuidarse en decir lo que se considera “políticamente correcto” en el ambiente nacional populista de izquierda. Y esa manera “políticamente correcta” se reduce a poner un signo menos donde la derecha pone un signo más, y un signo más donde la derecha pone un signo menos. Pues bien, considero que eso no tiene nada que ver con la ciencia ni con la búsqueda de la verdad. Dicho de otra forma, y como alguna vez decía Engels (refiriéndose a Marx), lo que importa es la verdad científica, y no quedar bien con la “verdad de partido” (aunque este “partido” sea el de la opinión pública de la izquierda). Yendo concretamente al pasaje que cita mi crítico, lo que afirmo es que en la realidad (no en el terreno de los sueños), el capitalismo sale de las crisis aumentando la explotación, bajando salarios, aumentando la desocupación y la miseria de las masas. Además, sostengo que éste es en esencia el programa de la derecha. Esto es, que la derecha proclama abiertamente la necesidad de hacer lo que el capitalismo hace en la práctica. Es en este respecto que esta derecha es más realista que los economistas keynesianos (me estoy refiriendo a los keynesianos reformistas armonicistas, que piensan que se puede salir de las crisis conciliando los intereses del capital y el trabajo; los keynesianos del manistream coinciden con las recetas predominantes).

En otras palabras, el estudio de las crisis me lleva a la conclusión de que: a) el capitalismo sale de las crisis aumentando la explotación, y no con medidas redistributivas y humanitarias; b) que los economistas de la corriente principal (en todas sus variantes, incluidos los keynesianos neoclásicos al estilo Blanchard o Bernanke) en el fondo consienten en esto, o “dejan hacer”, y que al hacerlo están respondiendo a la lógica con que el capital recompone la acumulación. No voy a decir lo contrario (a saber, que el capitalismo sale de las crisis mejorando la vida de las masas) por el solo hecho de alguien ande buscando similitudes entre lo que afirmo y lo que afirma la derecha. Lo único que me podría hacer variar mi conclusión sería comprobar que el capitalismo sale de las crisis mejorando la vida de la gente. Pero no es lo que encuentro en la realidad objetiva que estudio, y por lo tanto me importa un comino con quién coincido, o dejo de coincidir. Jamás voy a mentir u ocultar los resultados a los que llego para hacer concesiones a la intelectualidad bienpensante del progresismo izquierdista (tampoco para ganar “puntitos” para que me publique Página 12; o para ligar alguna invitación a congresos internacionales del “progresismo nacional-izquierdisa”).

Las tesis de Marx y su “imposibilidad”

De lo que se trata entonces es de ver si el capitalismo sale de sus crisis aumentando la miseria y la explotación, o si sale de sus crisis mejorando la vida de las masas trabajadoras y el pueblo. La primera es la tesis de Marx, la segunda es la tesis del reformismo armonicista.

La tesis de Marx es que la acumulación del capital encierra contradicciones internas que conducen a crisis violentas y agudas, que implican súbitas desvalorizaciones forzadas del capital y el estancamiento del proceso de reproducción. Pero al mismo tiempo, y a raíz de la propia crisis, entran en juego fuerzas que vuelven a impulsar la acumulación. Por un lado, porque la paralización de la producción aumenta los niveles de desocupación, y en consecuencia muchos sectores de la clase obrera deben tolerar una baja de sus salarios, que los llevan en ocasiones muy por debajo incluso del valor de la fuerza de trabajo. Por otra parte, el capital está en mejores condiciones para aumentar la explotación vía intensificación de los ritmos de producción, eliminación de tiempos muertos y diversas medidas llamadas de “racionalización”. Paralelamente, se desvalorizan capitales, y con ello también los medios de producción. Todo lleva entonces a la elevación de la tasa de rentabilidad, y así se preparan las condiciones para la recuperación. “El estancamiento verificado en la producción habría preparado una ulterior ampliación de la misma, dentro de los límites capitalistas” (Marx, 1999, p. 327, t. 3). Pero es aquí donde irrumpe nuestro crítico, y nos dice que esto es imposible. Aunque mejore la rentabilidad, sostiene, la demanda no puede recuperarse. ¿Por qué no puede recuperarse? Respuesta: porque el capitalista no invierte si no aumenta la demanda, de manera que la recuperación de la demanda solo puede venir por el lado del consumo. Y para esto, es necesario que mejoren los niveles de vida de los trabajadores. De ahi que la única salida posible es la salida reformista. No hay manera de que se produzca la salida de la crisis que plantean Marx, los dogmáticos como Astarita y los catastrofistas; que es la misma salida que defiende la derecha más reaccionaria (lo cual demuestra una vez más la coincidencia de todos estos sectores… y seguramente con el diario Clarín). Frente a estos argumentos, lo primero que tenemos que constatar es qué sucede en la realidad. ¿El capitalismo sale de sus crisis según lo que dice la teoría de Marx, o según lo que dice la teoría del reformista armonicista? Empecemos con la última gran recesión.

La gran recesión de 2007-9

Desde 2007 hasta el final de 2009 el número de desocupados en el mundo aumentó en 34 millones, lo que representa un incremento de 0,9 puntos porcentuales de la tasa de desempleo global. En 2009 había en el mundo 212 millones de desocupados. También aumentó el empleo vulnerable; la OIT estima que habría habido un aumento en 110 millones de personas en empleo vulnerable. Como resultado, 1500 millones de trabajadores, lo que equivale a más de la mitad de los trabajadores en el mundo, estaban en empleo vulnerable en 2009. Asimismo aumentó el número de los que trabajan pero viven con menos de 1,25 dólares o 2 dólares por día, lo que en las estadísticas se llama (arbitrariamente) “working poverty”. En 2008 633 millones de trabajadores y sus familias vivían con menos de 1,25 dólares al día; a consecuencia de la crisis, en 2009 otros 215 millones estaban apenas por encima del margen (ILO 2010). Según el PNUD, con la crisis 64 millones de personas cayeran por debajo de la línea arbitraria de pobreza fijada en 1,25 dólares diarios (Informe Desarrollo Humano 2010, PNUD). Por otra parte, en muchos lugares parece haber aumentado la productividad del trabajo. Es difícil entender entonces cómo, con el aumento de la desocupación y la miseria globales, puede explicarse la recuperación -relativamente importante desde mediados de 2009- con la tesis armonicista. No hay manera de sostener que se produjo por aumento de la demanda de los bienes de consumo.

El tema se puede ver con más claridad todavía en la economía de EEUU. Desde el inicio de la recesión a finales de 2007 hasta diciembre de 2009 el empleo no agrícola en EEUU disminuyó en 8,2 millones de puestos de trabajo, esto es, un 6%. Y los trabajadores a tiempo parcial se duplicaron, para llegar a 9,2 millones. El número de desempleados creció en 9,2 millones, llevando la tasa de desempleo al 10%. Señalemos que los beneficios de las empresas comenzaron a crecer fuertemente desde fines de 2008, antes de que la recesión se considerara oficialmente terminada. Desde el último cuatrimestre de 2008 al primero de 2010 los beneficios se elevaron el 58%, en tanto los salarios y pagos a los trabajadores disminuyeron en 121.000 millones de dólares, esto es, un 2%. Los salarios semanales no aumentaron. La productividad de las empresas del sector privado aumentó aproximadamente un 6,5%. Nada de este aumento de la productividad fue a los trabajadores (Sum y MacLaughlin, 2010). Según The Wall Street Journal, un estudio realizado entre los que trabajadores a tiempo completo que perdieron sus empleos durante la crisis, y obtuvieron un nuevo empleo, encontró que el 36% de ellos debía aceptar una reducción de sus salarios del 20% o más (citado en Ensinger, 2011). En otras notas también aporté elementos en el mismo sentido (ver por ejemplo Estados  Unidos aumentan…).

Crisis anteriores

También en las crisis anteriores de EEUU se verifica la tesis de Marx. En las recesiones que se produjeron entre 1969 y 1991, los salarios por hora (medidos en dólares de 1982) del sector privado bajaron en promedio 1,4%, y los ingresos semanales un 3,2% (Maxfield, 2006). A raíz de la recesioń de 2001, los salarios reales promedio del sector privado recién al finalizar 2005 eran iguales los que existían antes del inicio de la recesión, y las horas semanales trabajadas todavía a mediados de 2006 no habían alcanzado el nivel previo a la recesión (ídem). Con los datos NIPA, Tapia Granados (2011) calculó los promedios de variación de salarios  en las recesiones, durante los 250 trimestres que van de 1947 a 2010. En promedio, los salarios (sin suplementos) bajaron durante las recesiones 0,4% por trimestre. Si a esto le añadimos la caída de la ocupación, y de las horas semanales trabajadas, y observamos que la recuperación comienza mucho antes de que los ingresos salariales y el empleo hayan comenzado a recuperarse, es imposible sostener, como pretende la tesis armonicista, que la recuperación se produce debido a que aumenta el consumo de los trabajadores y sectores populares.

Digamos también que lo mismo ha sucedido con otras crisis relativamente recientes en otros países. En todas ellas aumentó la pobreza, la desocupación y la miseria. La crisis que afectó a Asia Oriental en los 90 dejó 19 millones de indonesios y 1,1 millones de tailandeses en la pobreza. La de Argentina de 2001 incrementó 15 puntos porcentuales la pobreza. La crisis de Ecuador en 1998 aumentó 13 puntos porcentuales la pobreza (Informe Desarrollo Humnao PNUD 2010). La crisis de Argentina es muy ilustrativa. Durante el último período de la convertibilidad, los salarios bajaron en términos nominales y luego del estallido, por vía de la inflación. Esto generó una inmesa transferencia de riqueza al capital. La tesis (planteada por el gobierno K) de que Argentina tiene una receta para salir de las crisis sin “ajustes” no tiene asidero alguno en la realidad (al pasar, no escuché ni leí que los economistas K criticaran esta  mentira). Lo mismo sucedió en América Latina. La crisis de los 80 y las reformas de los 90 implicaron de conjunto un aumento de la explotación, deterioro de las condiciones de vida de las masas, y redundaron en definitiva en una mejora de las condiciones para la reproducción del capital. En todos los casos el mejoramiento del nivel de vida de las masas no precedió a la recuperación económica, sino al revés, la recuperación económica precedió a la mejora en el nivel de vida de las masas.

Crisis del treinta, guerra y boom de posguerra

Nos detenemos un momento lo sucedido en los años que van desde 1929 a la recuperación de la posguerra, ya que este episodio constituye el pilar del argumento armonicista. La idea es que la recuperación del capitalismo luego de la Gran Depresión y la Guerra se debió al aumento de los salarios. Primero con las reformas de Roosevelt, en EEUU, y luego con el pacto social entre el capital y el trabajo en Europa y Japón, habría aumentado e poder adquisitivo del trabajo, y con ello se habría reactivado la demanda.

Veamos primero la crisis en EEUU. La desocupación pasó del 3% en 1929 al 25% en el punto más bajo de la caída, en 1933; la tasa de desocupación en los trabajadores no agrícolas en ese año llegó al 37%. Además, un 25% de los trabajadores sufrían reducciones de salarios, o de sus horarios de trabajo. En 1932 se calculaba que 34 millones de personas pertenecían a familias que no tenían a ningún miembro que tuviera un ingreso regular; 2 millones de personas habían perdido sus hogares. Cuando comenzó la recuperación, luego de la devaluación del dólar en la primavera de 1933, estas condiciones no habían variado. Es interesante además señalar que la recuperación comenzó a pesar de las medidas iniciales de Roosevelt (había asumido en marzo de 1933). Inicialmente Roosevelt propuso un programa de balance fiscal, recortando las ayudas a veteranos de guerra y los salarios federales. Cuando los demócratas en el Congreso propusieron una ley llamada “share the work”, por la cual la semana laboral se reducía a 33 horas, a fin de promover la contratación de nuevos trabajadores, Roosevelt apoyó a los empresarios, quienes se oponían a la medida. Los estímulos fiscales llegaron luego, con la recuperación ya en marcha. Y los gastos fiscales en proporción al PBI fueron menores durante la década de 1930, que durante la década de 1920. La caída de ingresos y salarios fue entonces un hecho. Destaquemos que en promedio, en los cuatro ciclos que hubo entre 1921 y 1938, los ingresos de los trabajadores y empleados cayeron un 13% en las recesiones (Sherman, 1991).

En lo que respecta a la recuperación europea y japonesa de la posguerra, cito a Frank: “En Alemania el fascismo había elevado la tasa de explotación de la clase trabajadora a un nivel tres veces mayor que el de la República de Weimar… Los salarios reales de 1948 suponían el 70% del nivel de 1938… En Italia los salarios reales de 1946 suponían el 58% de nivel deprimido de 1938 y en Japón el 25% del nivel de 1936… En Francia los salarios reales de 1946 eran el 77% del nivel deprimido de 1938 y descenderían al 64% en 1947” (…) “La depresión, la guerra, la permanente economía de guerra, el neoimperialismo de las empresas multinacionales, los bajos salarios, la disciplina de la mano de obra, así como la ideología del siempre más y mejor american way of life, del desarrollo y crecimiento ilimitado, todos estos factores colaboraron al mantenimiento de la tasa de beneficios, y por lo tanto, a un ritmo de acumulación casi constante durante las dos décadas del período de posguerra” (Frank, 1979, pp. 61-2). De nuevo, ¿cómo se puede decir que la salida de estas grandes crisis y depresiones se produjo mejorando el nivel de vida de las masas trabajadoras?

Las crisis clásicas

Pasamos ahora una breve revista a las crisis anteriores (nos basamos en Rosier y Dockès, 1983, y Lescure, 1932).

Crisis de 1816: estalla luego del fin de las guerras napoleónicas. En particular en Francia se produce una fuerte caída de los precios, pero todavía más de los salarios.

Crisis de 1825 en Inglaterrra: hay quiebras bancarias, desocupación, debilitamiento de la clase obrera. No existe evidencia alguna  de que la recuperación se haya producido a partir de mejoras de los salarios.

Crisis de 1836-9: ocurre cuando termina el boom de la construcción de ferrocarriles; es acompañada de fuertes crisis financieras en EEUU e Inglaterra, y se desata una larga depresión que provoca el aumento de la desocupación. Los salarios se mantienen a un nivel bajo hasta la recuperación a comienzos de los cuarenta.

Crisis de 1842 en Inglaterra e Irlanda: consignada por Engels en su famoso libro sobre la situación de la clase obrera, implicó aumento de la desocupación y el hambre. Durante la crisis los informes oficiales consignaban que la pobreza se había duplicado con respecto a los años previos a la crisis. La recuperación a partir de 1843 no tuvo como base aumento alguno de los salarios.

Crisis de 1847-8: con una desocupación cercana al 60% en París, la crisis se resuelve políticamente con la derrota de la revolución. Esto implicó retrocesos en los niveles de vida y de los salarios de la clase obrera hasta bien entrados los años cincuenta. En Prusia, en Viena y otras regiones, el hambre y la miseria se incrementaron a lo largo de 1847, también a consecuencia de la crisis. La recuperación a partir de 1849 se dio sobre estas bases. En cuanto a Inglaterra, se ha calculado que en 1847 los salarios habían descendido un 57% con relación a su nivel de 1800. La recuperación a partir de 1849 no tuvo como sustento la mejora de los salarios.

Crisis de 1866: ocurre en Inglaterra, con el telón de fondo de la guerra de Secesión en EEUU, dando lugar al aumento de la desocupación. Los salarios bajan entre el 10% y 20%.

Crisis de 1873: abarca EEUU, Alemania e Inglaterra. Aumenta la desocupación, y los salarios en Inglaterra bajan aproximadamente un 10% hasta el fin de la década. En EEUU se inicia un período de gran resistencia obrera frente a las bajas de los salarios nominales intentadas por los empresarios.

Crisis de 1882-4: abarca Francia e Inglaterra, con algo menos de repercusión en EEUU. El capitalismo busca solución a su crisis intensificando el dominio imperialista y el colonialismo, esto es, el saqueo y la explotación de pueblos. También descienden los salarios y aumenta la desocupación en los países del centro afectados por la crisis. En EEUU la crisis se resuelve en la degradación de tareas, aumento de los ritmos, descalificación masiva de los trabajadores, y extensión del control directo sobre los procesos de trabajo (triunfo y extensión del taylorismo).

Crisis de 1907: afecta principalmente a EEUU e Inglaterra, pero repercute en el resto de Europa. Provoca quiebras bancarias y cierres de empresas y aumento de la desocupación, y se producen reducciones salariales en Alemania e Inglaterra.

¿Cómo se produce entonces la recuperación?

Ya vimos que lo que sostiene nuestro crítico es un disparate, reñido con la realidad del capitalismo, y la forma en que soluciona sus crisis. Sin embargo nos queda por responder su interrogante. Si la demanda de bienes de consumo no es la impulsora de la recuperación, y si lógicamente los capitalistas no amplían la capacidad de producción, ¿de dónde surge la demanda? La respuesta es que llega algún punto de la caída en que la desvalorización de activos comienza a hacer atractiva la entrada de capitales líquidos que hasta ese momento habían permanecido ociosos (importancia de la preferencia por la liquidez de Keynes, o el atesoramiento de Marx). Por otra parte, empiezan a realizarse consumos postergados por parte de rentistas, capitalistas y en general la clase dominante. Esta reanimación además impulsa a la recomposición de inventarios, que es la primera forma de inversión que se recupera (éste fue un motor de la recuperación desde mediados de 2009 en EEUU y otros países desarrollados, como se advierte en los índices Markit). A estos factores se agrega que en economías particulares, la demanda externa (o la sustitución de importaciones, como fue en el caso argentino) también puede jugar un rol, si la crisis ha mejorado el tipo de cambio real. Invariablemente la recuperación de la demanda de bienes de consumo masivo sigue a la recuperación económica general. Aclaremos también que en esta mejora del consumo el rol principal, al menos en las primeras etapas de la recuperación, no lo juegan los aumentos de salarios, sino el aumento del volumen del empleo.

De nuevo, sobre la “coincidencia con la derecha”

Por último, vuelvo a la acusación de que “coincido con la derecha”. Se trata de una manera de descalificar y atacar que se ha puesto de moda en los últimos tiempos, aunque tiene una vieja tradición entre estalinistas y gente habituada a los métodos propios de los fanáticos. Hace poco escuchaba a un intelectual K, Gabriel Mariotto, titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, decir que toda la oposición está dirigida por el diario Clarín. Esto es, desde Altamira a Macri, pasando por gente tan diversa como Alfonsín, Stolbitzer o Solanas, recibirían instrucciones del “monopolio”. Son cosas ridículas, pero lo que buscan es predisponer en contra, echar suciedad, confundir. Mutatis mutandi, es lo que hace mi crítico con mis posiciones. Hago el diagnóstico de que el capitalismo sale de la crisis aumentando la miseria y la explotación. La derecha hace ese diagnóstico y además levanta como programa esa salida. Mi crítico junta las dos afirmación, y proclama triunfante “se ha demostrado que Astarita coincide con la derecha”. Es un método brutal, pero que puede ser bastante efectivo. Desnudo su lógica porque estoy convencido de que tenemos que desterrarlo de las filas de la izquierda. En una próxima nota voy a tratar otro aspecto de la cuestión de la crisis, la relación y diferencias entrre la teoría de Marx, y la de Kalecki.

 Bibliografía

Ensinger, D. 2011, “Lasting Legacy of Recession? Lower Wages”, www.economyincrisis.org.

Frank, A. G. (1979): La crisis mundial, t. 1, Barcelona, Bruguera.

ILO (2011): Global Employment Trends 2010, en http://www.ilo.org/global/lang—en/index.

Lescure, J. (1932): Des crisis générales et périodiques de surproduction, Paris.

Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI.

Maxfield, J. H. (2006): Jobs in 2005: How do the compare with their March 2001 counterparts?”, Monthly Labor Review, July, pp. 15-21.

Rosier, B. y P. Dockès (1983): Rythmes économiques. Crises et changement social, une perspective historique, Paris, La Découverte/ Maspero.

Sherman, H. J. (1991): Growth and crisis under capitalism, Princeton University Press.

Sum, A. y J. McLaughlin (2010): “The Massive Shedding of Jobs in America”, Challenge, vol. 53, pp. 62-76.

Tapia Granados, J. A. (2011): “Does investment cal the tune? Empirical evidence and endogenous theories of the business cycle”, January, University of Michigan, en http://sitemaker.umich.edu/tapia_granados/working_papers___documentos_de_trabajo

Rolando Astarita, mayo de 2011. Consultar el artículo en su blog.

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