¿Está la economía de los bolos comíendose o creando empleo? Una primera aproximación.

Ofrecemos aquí una traducción propia de un artículo del Wall Street Journal. Obviamente no es un texto escrito por ni para los trabajadores, pero hay que conseguir la información allí donde se encuentre. El texto incluye los enlaces originales, aunque todos están en inglés.

de Mark Muro para The Wall Street Journal

¿Complementará o se comerá la llamada economía de los bolos(1) -trabajo freelance basado en apps como Uber o TaskRabbit- al trabajo convencional basado en nóminas? Dado el estado tan provisional de los datos disponibles, todavía es pronto para decirlo.

Sin embargo, el mes pasado el economista Ian Hathaway y yo mismo pudimos dibujar un esbozo plausible de las tendencias en dos áreas concretas de la mucho más amplia economía de los bolos -las de los viajes y del hospedaje, representadas por Uber y Airbnb respectivamente- usando datos de la serie “empresas sin trabajadores” del Census Bureau, serie que sigue la evolución de los pequeños negocios freelance que no emplean trabajadores.

De este estudio emerge una foto, que no es ni mucho menos definitiva, pero que sugiere -al menos bajo mi punto de vista- que la creciente economía de los bolos (al menos en el caso de la compartición de vehículo) está sustituyendo empleo asalariado, o al menos frenando su crecimiento.

Ciertamente, una primera lectura de los datos parece confirmar la opinión mantenida por los entusiastas de la economía colaborativa de que Uber y Airbnb atienden a una demanda de los consumidores hasta ahora no satisfecha -y por tanto creando nuevas oportunidades de trabajo que complementan las de las compañías de taxis u hoteleras-. En nuestros datos se muestra que, tanto a nivel nacional como en las 50 mayores ciudades norteamericanas, el trabajo asalariado ha crecido ligeramente en estas industrias durante los años 2010-2014, incluso a pesar del influjo del trabajo no asalariado al servicio de Uber y Airbnb.

Sin embargo, el crecimiento del trabajo asalariado en ambos sectores parece sorprendentemente débil según nuestro estudio. Y opino que una mirada atenta a los datos ciudad a ciudad sugiere que el empleo freelance asociado a plataformas ya sustituye y se come al trabajo asalariado en ese mismo periodo 2010-2014.

Después de todo, el trabajo asalariado en el sector del transporte ha descendido en quince ciudades en 2014 y en diez en el de hospedaje, a pesar de una leve recuperación económica. Especialmente, en el transporte, donde Uber y Lyft ofrecieron significativas ventajas de calidad sobre la oferta de las compañías de taxi actuales, el crecimiento del trabajo asalariado fue anémico o incluso decayó en las compañías tradicionales, mientras que el trabajo freelance basado en plataformas (medido por el número de “empresas” sin empleados) despegó. En Sacramento, el empleo tipo “bolos” escaló un 92%, mientras que el trabajo asalariado cayó un 22%. En Pittsburgh, el trabajo freelance subió un 85% (en 560 conductores) mientras que el trabajo asalariado declinó un 5%.

Teniéndolo todo en consideración, estos primeros desarrollos señalan la posibilidad de que, en algunos sectores, los mercados online de empleo freelance puedan muy bien ganar trabajadores a expensas de los negocios basados en trabajo asalariado, particularmente allí donde las empresas clásicas pelean en mercados débiles o no contraatacan con un mejor servicio.

Todo esto es importante porque el aumento del trabajo temporal online, el trabajo freelance y los autónomos tiene enormes implicaciones en la vida de trabajadores y sus familias en las ciudades.

Para empezar, la escala de esta tendencia es enorme. A este respecto, el aumento de nuevos modelos de negocio que ligan trabajadores a un trabajo en modo “bolo” no es una tendencia minoritaria o especializada. En lugar de eso, los cambios que están afectando a unos cientos de miles de trabajadores en las industrias del transporte y el hospedaje son una minúscula parte de un penetrante movimiento global hacia acuerdos de trabajo no tradicionales -freelance, autónomo o temporal- en docenas de industrias. Y el número de trabajadores afectados es enorme. Así por encima, puede haber hasta 68 millones de trabajadores “independientes” en los Estados Unidos, de acuerdo a una estimación del McKinsey Global Institute. En una década, casi la mitad de todos los empleados norteamericanos pueden estar trabajando de esta manera. Así que tan solo la dimensión de esta tendencia ya subraya la necesidad de prestarle atención.

Pero, yendo más allá, el cambio a nuevos modelos de relaciones laborales es importante para los legisladores, por que representa una reorientación fundamental del contrato social bajo el que trabajan millones de norteamericanos. Y, aún más importante, el crecimiento del trabajo temporal online, freelance y autónomo significa que millones de trabajadores carecen de los antaño ubicuos estándares de trabajo que fueron definidos en la economía de los “buenos empleos” que surgió del New Deal. Los trabajadores del “bolo”, por ejemplo, disponen de un acceso limitado a protecciones sociales, tales como seguro de desempleo, beneficios de empleado y pagas por incapacidad. Salarios mínimos y leyes antidiscriminatorias no aplican a tales contratos ni recibirán pensiones como las de la Seguridad Social. Y el acceso al crédito, formación y referencias se hace mucho más difícil que en ninguna otra área de la economía.

Resumiendo, la expansión de la economía de los bolos -dejada a su propio desarrollo- probablemente contribuirá a tendencias más amplias que están reduciendo el porcentaje de trabajadores norteamericanos que alcanzan una seguridad económica básica con su trabajo.

En base a esto, la pregunta no es si la economía de los bolos va a suplantar grandes áreas de la economía asalariada, sino cómo puede la innovación de tecnología y modelo de negocio de la economía de los bolos ser manejada y mejorada para asegurar que ayuda a aportar seguridad económica a los millones de norteamericanos que comienza a depender de ella. Si es a través de cobro de beneficios de las compañías del sector, cuentas de beneficios móviles o nuevos modelos de redes de seguridad, la discusión debe ampliarse tan rápido como la economía de los bolos lo hace.

(1) Traducimos como “economía de los bolos” el término anglosajón “gig-economy”. Con él hacen referencia al modelo económico establecido por empresas online como Uber o Airbnb. Dichas empresas no mantienen a sus trabajadores bajo nómina, sino que ofrecen trabajos puntuales que los trabajadores pueden coger bajo su responsabilidad. Por esto se asemejan al modelo de trabajo de los músicos, que aceptan “un bolo” (gig en inglés) cuando sale, sin más relación de compromiso laboral con el dueño del local.

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