Contexto económico y social 2019 (parte 3)

(ir a la parte 2)

La situación en el Estado español

En el texto publicado el año pasado hicimos un recorrido por las últimas dos décadas de la economía de este país, veinte años en los que hemos compartido una misma moneda con otras economías con muy variados niveles de desarrollo dentro del modo de producción capitalista. No intentamos afirmar que la situación de los trabajadores españoles hubiera sido peor ni mejor fuera del euro: ya hemos visto a nivel global la creciente dificultad para conseguir beneficios, la tendencia al ajuste permanente a costa de los trabajadores y el escaso éxito de las soluciones nacionales. Pero sí tenemos claro que la pertenencia al club de la moneda única ha marcado las pautas de lo que ha ocurrido en ese período, tanto los ocho primeros años de un crecimiento con pies de barro, como los doce últimos de derrumbe y sufrimientos. Dentro de este contexto, las líneas generales que identificamos fueron las siguientes:

– España es un país con un capitalismo de baja productividad histórica
– La inserción en el euro junto a países más productivos dio lugar a un proceso por el que importábamos de ellos mercancías mejores y más baratas y recibíamos como préstamos el capital excedente que ellos acumulaban
– Este capital prestado se invirtió en uno de los pocos sectores compatibles con nuestra baja productividad: la construcción. Tanto los capitalistas prestamistas de Europa como los locales se aprovecharon de un crecimiento basado solo en la autorevalorización de los activos inmobiliarios
– La crisis capitalista de 2007 rompió ese bucle, al acabar con la confianza en la devolución de los préstamos
– Tanto la devolución de los prestamos como la vuelta a la senda del beneficio por parte del capitalismo español se fundamentaron en un programa de ajuste sobre los trabajadores. El programa fue llevado a cabo tanto por el Gobierno de Zapatero como por el Gobierno de Rajoy
– A partir de la segunda mitad de 2013 el programa de ajuste había provocado una devaluación interna, a lo cual se unieron en 2016 una serie de factores coyunturales de apoyo, de tal forma que se comenzaron a recuperar los beneficios empresariales

Una década de ajuste…

Y es que, siguiendo las reglas de la lógica capitalista, ha sido el sacrificio aplicado a los trabajadores -tanto nacionales como inmigrantes- el que ha dado lugar a la recuperación de los beneficios empresariales tras una gran crisis. En esta ocasión el sacrificio ha sido mayor, pues el contexto internacional de casi-estancamiento no ha ayudado a la economía nacional. Por parte de la Unión Europea no se recibió ayuda -en forma de compra de deuda pública y de empresas- hasta que los gobiernos del PSOE y del PP no acabaron de aprobar todas las reformas legislativas para contener el gasto público y liberalizar el mercado laboral.

En los diez años transcurridos entre 2008 y 2017 los salarios reales han descendido un 0,3%. Desde que comenzó la tan cacareada “recuperación” de 2013 tan solo en el año 2015 se produjo un ascenso anual del salario real. De todas formas, sería injusto hacer creer que este descenso del nivel de vida de los trabajadores se debe exclusivamente a la crisis. La realidad es que contando todo lo que llevamos de este siglo, desde 2000 a 2017, nuestros salarios reales han perdido un 1,8%.

Durante la crisis, las horas extra no pagadas ni compensadas llegaron a superar a las remuneradas. Aunque esta situación comenzó a revertir en 2017, según la última Encuesta de Población Activa de 2018, estas horas extra no pagadas representaban aún más de un 40% del total de horas extra.

El Producto Interior Bruto nacional necesitó hasta 2017 para volver a alcanzar el nivel anterior a la crisis. Sin embargo, comparando las Encuestas de Población Activa (EPA) de 2007 y de ese 2017, comprobamos que aún se registran un millón y medio de personas ocupadas menos que hace diez años. Dado lo modesto de la inversión en tecnología e I+D de las empresas españolas, podemos entender que la recuperación del PIB se ha basado en la mayor explotación de los que todavía trabajan.

Y no olvidemos que el nivel de ocupación de los trabajadores no dice nada de la calidad de su contrato. Si volvemos a comparar las EPA de 2007 y 2017, vemos que el porcentaje de asalariados con contrato a tiempo completo baja del 87,9% al 83,8%. En cuanto a los sectores de actividad, aparte del esperado desplome de empleos en el sector de la construcción, vemos que también desciende el porcentaje de empleados en la industria, subiendo ligeramente en la agricultura y espectacularmente en los servicios. Esto provoca un descenso de más de cinco puntos en el grupo de trabajadores clasificados como cualificados.

Sobre estos datos, que marcan el descenso de los salarios directos, hay que añadir el ahorro en salarios indirectos y diferidos, que también repercute positivamente en los empresarios a través del ahorro en impuestos y cotizaciones sociales. En este ámbito hemos visto cómo las pensiones públicas se han hecho más inaccesibles y han perdido poder adquisitivo, cómo la sanidad ha perdido calidad y cómo se ha ido extendiendo el copago de medicamentos, cómo se extiende la educación concertada, cómo suben las tasas en la educación superior y los dos últimos años de carrera pasan a ser de pago, cómo la vivienda social es vendida a fondos buitre, cómo crece el número de desempleados mal o totalmente desprotegidos, etc.

…y malas perspectivas a corto y medio plazo

En los últimos cinco años se unieron una serie de factores que ayudaron de forma coyuntural a la recuperación. Alguno de ellos ha comenzado a perder fuerza:

– El programa de compra de deuda pública y corporativa puesto en marcha por el Banco Central Europeo -lo cual comenzó a hacer solo después de que se aplicaran todas las medidas de ajuste requeridas por Bruselas- supuso una inyección de millones que vino a aliviar especialmente al sector bancario. Este programa dejará de recibir nuevas aportaciones desde el 1 de enero de 2019.
– La mayor competitividad de nuestro sector turístico -debido al desplome de salarios-, así como los problemas de seguridad en países que son competidores directos nuestros, hicieron crecer significativamente la aportación de este sector al PIB nacional. Sin embargo, las últimas estimaciones del Banco de España señalan que 2018 registrará el límite de este ascenso.
– El bajo precio del petroleo durante los años de estancamiento ayudó significativamente a nuestra economía por dos motivos. En primer lugar, al aliviar la parte de las importaciones de nuestra balanza comercial. Pero también por hacer más competitivos nuestros productos exportables, producidos con tecnologías anticuadas más dependientes de los combustibles fósiles. Aunque en 2017 parecía que los precios iban a volver a subir, debido a la vuelta a la inestabilidad económica internacional en la segunda mitad de 2018 el precio del petroleo se ha vuelto a contener. Es difícil decidir qué es peor.

Vimos en el resumen de hace un año que la recuperación económica iniciada en el año 2013 fue fruto de una situación poco frecuente en nuestro país: la del incremento de nuestras exportaciones sobre lo que importamos. Ello se debió a que la sobre-explotación a que se sometió a los trabajadores que no perdieron sus empleos consiguió hacer a los productos de sus empresas más competitivos, aunque estas no hubieran invertido en la tecnología de que se dispone en otro países de nuestro entorno. Pero el estancamiento económico europeo ha terminado con esta situación, pues Europa es el principal destino de nuestras ventas al exterior, y al finalizar 2018 ya se acumula año y medio en que las exportaciones han perdido fuerza frente a las ventas dentro de España.

Tampoco la distribución del gasto dentro de nuestro país apunta a un crecimiento fácilmente sostenible. En la segunda mitad de 2018 ha tenido que ser el consumo (incluida la ligera recuperación en el sector de la vivienda) el que haya mantenido el tipo frente a una inversión empresarial en declive. Ello hace pensar sobre la sostenibilidad del crecimiento y las perspectivas que las empresas esperan encontrar en el futuro próximo.

En cualquier caso, este incremento del consumo de los hogares unido a unos intereses a la baja ha permitido que hayan seguido aumentando los beneficios de las empresas. Eso sí, hay que hacer notar que los datos medios son engañosos, pues si la actividad empresarial media parece aceptable, ello se debe al aporte desproporcionado de las empresas más importantes, habiendo una enorme mayoría de empresas con resultados mínimos o incluso negativos.

El incremento en el número de empleados se ha frenado en 2018 respecto al año anterior. Como contrapartida, este año la contratación de trabajadores temporales ha perdido fuerza frente a la contratación de fijos. Sin embargo, este dato, que aparenta ser positivo, puede evidenciar que los sectores más propensos a la contratación, como hostelería, han tocado techo. Los salarios han seguido aumentando de forma moderada, aunque hay mucha disparidad entre áreas de actividad, habiendo incluso sectores más cualificados, como el de información y comunicaciones, en el que los salarios han descendido. La aparente incongruencia entre un incremento del consumo y la moderación de los salarios se explica por el acceso más sencillo de las familias al crédito gracias a los bajos intereses.

Así pues, nos encontramos con que el crecimiento basado en la exportación y en la inversión parece haberse frenado. Con lo que ha dado de sí, se ha producido un incremento en el consumo de aquellos que han encontrado un trabajo precario y de los que han efectuado las compras largamente postergadas por miedo a un futuro incierto (un coche que reemplace al viejo, electrodomésticos, etc). En la mayoría de los casos, dado lo magro del salario, para hacer estos desembolsos es necesario solicitar un préstamo; muchas veces, para quien no tiene garantías suficientes para un banco, uno de esos créditos inmediatos con intereses abusivos.

Este giro al crecimiento basado meramente en el consumo responde al patrón de un capitalismo sin perspectivas de beneficio que hemos identificado en la introducción. Sin que haya previsión de beneficios no hay inversión, sin inversión no hay incremento de la productividad. La Fundación de las Cajas de Ahorro explica en un informe el problema con la productividad de las empresas españolas que ya denunciamos el año pasado: si antes de la crisis la productividad de la industria española crecía un tercio menos que las empresas de la Unión Europea, en el período de “recuperación” entre 2013 y 2017 la productividad solo ha crecido a la mitad del ritmo de nuestro entorno. Este escenario encuadra a España en el grupo de países de segunda linea dentro del capitalismo: los que solo pueden competir en productos y servicios de bajo valor añadido, y necesariamente mediante salarios bajos.

Por supuesto, el que nuestros capitalistas se encuentren cómodos en la segunda línea de productividad, no significa que no estén atentos a las últimas tendencias de sus colegas internacionales. Y si la producción no cubre las expectativas de rentabilidad, se complementa con la financiarización. De este modo, también se ha identificado en nuestro país el fenómeno de las grandes empresas que reparten dividendos a base de pedir prestado. Así, la Comisión del Mercado y la Competencia (CNMC) advierte de su preocupación al haber detectado estas prácticas entre las mayores empresas del sector de la energía. En muchas de ellas el volumen de deuda no guarda una relación soportable con el patrimonio de la empresa o el pago de intereses con los ingresos periódicos; en alguna gran empresa se están pagando más dividendos que beneficios. De igual forma, la deuda de Telefónica está por encima de su valor en bolsa, y en los últimos meses ha tenido que hacer caja -vendiendo incluso sus filiales en Centroamérica- para poder librarse de parte de ella.

Este escenario exterior e interior de tonos grises ha afectado a nuestro país de forma similar a lo ya visto a nivel internacional: el Ibex 35 ha perdido en 2018 casi un 15%, la mayor caída desde 2010.

Las perspectivas negativas se han visto además confirmadas en los númerosos planes de reducción de empleo dentro de las empresas. Entre finales de 2018 y comienzos de 2019 se ha desencadenado una oleada de EREs y ERTEs que parece no tener fin: La siderúrgica Arcelor-Mittal aplicará un ERTE a 2.100 trabajdores durante el primer trimestre de 2019; Navantia ha negociado un ERE con reemplazo de trabajadores que reducirá la plantilla neta en 600 personas; Vodafone inicia un procedimiento de ERE con el que espera desembarazarse del 23% de la plantilla, 1.200 empleados; Cemex pretende aplicar un ERE y cerrar dos plantas en España; Alcoa cesará su actividad en Avilés y A Coruña, y solo se ha comprometido a mantener las instalaciones durante seis meses a la espera de un hipotético comprador. La lista incluye decenas de empresas más y crece día a día.

¿Podemos esperar una gestión distinta de la crisis?

En esta situación de pre-crisis, la llegada al gobierno -que no al poder- del PSOE, con el apoyo entusiasta de Unidos Podemos, ha puesto a prueba lo que podemos esperar los trabajadores de las tesis reformistas. Del social-liberalismo del PSOE ya tenemos sobrada experiencia, y ha sido tan solo el periplo personal que ha sufrido Pedro Sánchez con su expulsión y su retorno triunfal a la ejecutiva del partido lo que ha hecho olvidar a la gente que no es más que el sucesor de González y Zapatero. Por parte de Podemos y su comparsa de IU, nadie espera que intenten llevar a la realidad su extenso y contradictorio catálogo de recetas económicas compartidas con el ala izquierda del Partido Demócrata estadounidense: la Teoría Monetaria Moderna y otras chorradas por el estilo son cosas que se usan mientras estás en la oposición para hacer creer al auditorio progre que tienes la clave de un capitalismo de rostro humano; una vez en el poder, la inmediata apelación a la “responsabilidad de gobierno” no es más que el reconocimiento de la necesidad de asumir la lógica del capital. Así que, una vez olvidados los cánticos de “PSOE-PP, la misma mierda es”, el Partido Socialista queda una vez más rehabilitado tras el olvido de las traiciones en sus anteriores estancias en el poder. La izquierda parlamentaria en pleno vuelve a decirle a la gente que se quede en su casa porque ellos solos se bastan en el Parlamento para convencer a los capitalistas de que redistribuyan los beneficios que -como hemos visto- tanto les ha costado arrancarnos.

Casi en el momento de publicación de este texto se realizó el anuncio de convocatoria de Elecciones Generales por parte de Pedro Sánchez. De esta manera, lo que iba a ser una valoración de mitad de mandato, adquiere la importancia añadida de intentar descifrar cuáles serían las líneas maestras de un futuro gobierno con refrendo amplio y cuatro años por delante.

Lo que podemos decir del breve período al frente del Gobierno es que se ha consumido en unos gestos muy medidos para poner en escena la máxima apariencia de cambio evitando cambiar nada. Así, en uno de esos típicos gestos que no requieren de dotación presupuestaria, nos han mareado durante meses con el destino de la puñetera momia de Franco. En un terreno más material, el principal guiño económico hacia el electorado trabajador ha sido la subida del Salario Mínimo Interprofesional, que se ha situado en 900 euros, una cuantía equivalente a la que tendría si hubiera seguido subiendo linealmente desde 2002, como si no hubiera habido crisis. Esta medida, que supondrá un alivio para muchos trabajadores, es, sin embargo, menos molesta para el capital de lo que pudiera parecer. Por un lado, será fácilmente absorbida por un mercado laboral en el que la contratación a tiempo parcial sin límite práctico al número de horas extra, permite a cualquier empresa pagar por debajo de ese mínimo. Con los niveles de paro y precariedad actuales, es muy probable que el efecto final de esta medida sea el de acercar los sueldos a la baja hacia el nivel de ese salario mínimo antes que elevar el salario medio. Además, y esto pasa normalmente inadvertido, nadie parece recordar que hay que subir el IPREM (y mucho), pues este invento de Zapatero es el que regula la cuantía de las ayudas públicas, que desde 2004 ya no están referidas al salario mínimo. De igual forma, los consejos de ministros previos a la elecciones están dejando un rosario de decretos leyes que, casualmente, comparten cuatro características: tocar de forma superficial un tema de trascendencia social, necesitar una mínima dotación presupuestaria, no originar gastos o penalizaciones en las empresas y ser fácilmente neutralizables por el mercado.

Incluso es difícil de evaluar cuánto tuvo de gesto el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2019, un proyecto que parecía más pensado para ser presentado que para ser aprobado, en ningún caso para suponer un freno a la necesidad del capital de aumentar la explotación. El proyecto de presupuestos contaba con unos modestos -pero calculados- aumentos de determinadas partidas que, tras una década de recortes, han servido para que los medios afines los puedan presentar como revolucionarios. En cualquier caso, los propios socialistas contaban con que el proyecto debía pasar primero las enmiendas de los grupos parlamentarios, y no hay que olvidar que entre los partidos que apoyaron a Sánchez en la moción de censura predominan las fuerzas de derechas y social-liberales. A continuación, lo que superara esa criba se enfrentaría al juicio de Bruselas, que había anunciado que se reservaba el derecho de volver a revisar los presupuestos si estos sufrían cambios sustanciales -en el aumento del gasto, se entiende-. Son filtros más que suficientes para que el capital esté más que tranquilo ante las cuentas que pudiera llegar a sacar adelante la “izquierda radical”. Finalmente, nada de eso hizo falta: el rechazo a los presupuestos por motivos ajenos a los económicos ha sido la manera de justificar la convocatoria de elecciones.

La presentación de los Presupuestos se ha planteado así como una puesta en escena para hacer llegar unos mensajes muy concretos a determinados oyentes. A los trabajadores se les intenta embaucar con una serie de promesas de mínimos que hagan pensar que votar PSOE va a suponer resultados distintos a votar PP. Pero a los empresarios también se les traslada un mensaje muy claro: a estos descamisados los controlamos nosotros con cuatro duros; dejadnos ganar y la política económica va a seguir discurriendo por la misma línea. Para asegurar que el programa real es recibido por los que importan, el viernes anterior al rechazo a los presupuestos, el Consejo de Ministros aprueba la “Agenda del Cambio”. Este documento es una declaración de intenciones con medidas que abordaría el gobierno socialista a corto y medio plazo, y que esconde -camuflado entre las típicas expresiones de “retos”, “flexibilidad”, “reformas estructurales”, “sostenibilidad financiera”, etc- una batería de reformas de corte ultraliberal.

En cualquier caso, más allá de “gestos” y mensajes, ya hay suficientes evidencias de que la política económica del Partido Socialista (y por extensión, lo quieran o no, de sus fervientes seguidores de la “izquierda radical”) va a seguir la misma linea de apoyo a las necesidades del capital que ya pusieron en práctica con maestría los anteriores gobiernos socialistas. También, y por mucho “talante” o diálogo que le pongan, la misma linea que siguió Rajoy. Una linea que necesita ahondar aún más en la reducción de lo poco que quede de derechos laborales y protecciones sociales. Veamos algunos puntos clave:

– El cumplimiento del control de déficit y gasto público en todas las administraciones ha sido un compromiso reiteradamente subrayado por el Gobierno de Sánchez, desde los discursos durante la moción de censura hasta el reciente documento de la “Agenda del Cambio”, que pretende marcar las líneas maestras de la política económica de los próximos años. Sánchez asume así en la práctica la primacía del control del gasto público sobre la satisfacción de las necesidades sociales, un principio que Zapatero marcó a fuego en la reforma exprés de la Constitución en agosto de 2011 pactada con Bruselas y con el PP, y que el gobierno de Rajoy convirtió en su santo y seña.

– El descenso del gasto total en pensiones a largo plazo sigue siendo un objetivo del nuevo ejecutivo, como ya lo fue del anterior. Como decimos, la tarea del capital es la reducción del gasto total a largo plazo, y no importa si por el camino hay que hacer concesiones parciales momentáneas en un aspecto concreto siempre que se compensen con otro. Así, la revalorización de la pensión según el PIB es una medida que elimina la lucha en la calle cada mes de diciembre cuando el incremento anunciado de la pensión es inferior a la subida de los precios. Pero no hay que olvidar que el incremento según el PIB de la miseria de este año no es más que el mismo nivel de miseria el año que viene. Por eso la Airef (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal), esa mesa redonda de caballeros andantes progres que ha recomendado la vuelta al incremento tradicional según el PIB, ha propuesto en el mismo documento que 1) durante los próximos diez años se eleve en un año la edad efectiva de jubilación y 2) se eleve de 25 a 35 años el período de vida laboral para calcular la pensión. La Airef calcula que en el largo plazo, el descenso de las pensiones por estas dos medidas equivaldrá al gasto por incrementar la pensión según el PIB. Es decir, la intención del PSOE es que los jubilados del futuro se queden igual de pobres que ha dejado el PP a los actuales, manteniendo, eso sí, la subida anual del IPC. Por otro lado, la “Agenda del Cambio” propone la promoción de los fondos de pensiones privados dentro de las empresas.

– En las prestaciones por desempleo también se va a utilizar la táctica de ofrecer un pequeño alivio inmediato e introducir por lo bajo una bomba de relojería a largo plazo. Por un lado, los Presupuestos de 2019 contemplaban la recuperación de las ayudas para parados en la franja entre los 52 y los 55 años, lo cual necesitaba solo un incremento del 4% en la partida de desempleo, que llevaba congelada ya cinco años. Simultáneamente, y con nula publicidad, la “Agenda del Cambio” presentada en el Consejo de Ministros del 8 de febrero, contempla la instauración en nuestro país de un sistema de desempleo conocido como “la mochila austriaca”, por ser este el país donde se introdujo el método. Consiste en que, mientras el trabajador está empleado, va acumulando unos puntos que le dan derecho a prestaciones personales futuras. Cuando queda en situación de desempleo, puede disponer de esos puntos en la forma en que él crea más conveniente, pero no hay más. Si agotas tus puntos o las situaciones de desempleo intermitentes no te permiten acumularlos, no vas a disponer de ningún tipo de ayuda. Se implanta así un sistema individual y no redistributivo en el que el Estado se desentiende de los problemas sociales, alcancen el nivel que alcancen. Seguro que este mecanismo ya generará situaciones de desamparo en un país como Austria en el que el desempleo es tan solo del 4,7%, pero su aplicación en un país como España, en el que el desempleo estructural supera el diez por ciento, sería demoledora. No hay que olvidar que el mecanismo de la mochila austriaca es una propuesta básica de un partido liberal como es Ciudadanos.

– Fijémonos ahora en la regulación del mercado laboral. La única mejora que se propone es la de obtener los consensos necesarios que permitan derogar los aspectos más lesivos de la reforma laboral de Rajoy. No olvidemos que la reforma de Rajoy fue en lo fundamental una reforma correctora sobre determinados aspectos de la reforma anterior de Zapatero que se habían demostrado poco eficaces. A su vez, la reforma de Zapatero no fue más que la penúltima de todo un historial de sesenta reformas laborales y leyes de la democracia que han ido desprotegiendo a los trabajadores al ritmo que lo requería el mantenimiento de los beneficios del capital. Afirmar ahora que un partido que ha firmado más de la mitad de esas leyes dañinas para los trabajadores buscará el consenso con una mayoría de derechas para derogar los aspectos más lesivos de la última ley en toda esa cadena no es más que una falta de respeto a la inteligencia de la clase trabajadora. La calidad del trabajo que pretenden conseguir se puede comprobar en el fomento de la contratación fija discontinúa, la que se usa para los empleos estacionales en la hostelería. Por desgracia la amenaza no queda ahí: la “Agenda del Cambio” amenaza con la redacción de un nuevo Estatuto de los Trabajadores.

– Por último, la necesidad de poner en valor todo el capital posible hace necesaria la reducción en el volumen y coste de los servicios públicos, así como la conversión en negocio privado de todas las competencias de estos que sea posible. Subrayemos que el análisis no es que los políticos se lo quieran dar ”a sus amigos”, sino que necesitan reducir gasto estatal improductivo y aumentar las inversiones que generan plusvalía. Si hay algún amigo que se aprovecha, pues mejor, pero es importante poder distinguir lo sustancial de lo anecdótico. Por eso no solo se trata de reducir el gasto en pensiones -como hemos visto más arriba-, sino que la “Agenda del Cambio” también contempla fomentar que las empresas ofrezcan a los trabajadores planes de pensiones privados junto a la aportación a la Seguridad Social. En el campo del ahorro, es ya pública desde hace un año la intención del Gobierno (primero el de Rajoy y después el de Sánchez) de reducir en cientos de miles de trabajadores el número de interinos de todas las administraciones. Se manejan distintas combinaciones, pero todas acaban con cientos de miles de personas en la calle, plazas amortizadas y contratas privadas supliendo las necesidades de los servicios públicos.

El PSOE ha mostrado dos caras durante su etapa de gobierno. Con la primera de ellas ha pretendido ganarse la confianza de los trabajadores, lo que necesita si desea ganar unas elecciones que se preveían más o menos próximas. Para mostrar esta cara lo ha tenido fácil: contaba con el odio anterior a las dañinas políticas de Rajoy, con la amenaza futura de la ultraderecha y con la entrega absoluta de Unidos Podemos. La segunda cara solo la ha mostrado ante los empresarios, y transmite la garantía de que el PSOE sigue siendo el partido de Estado que sabe cuáles son los objetivos reales a cumplir. La falsedad de la primera de esas caras se pone de manifiesto desde el momento que ni el PSOE ni Unidos Podemos hacen referencia alguna a la dificultad del momento económico actual. Tal y como le ocurrió a Zapatero en 2007, la progresía intenta aparentar que no ocurre nada, porque en ese caso no tienen alternativa “progresista” que ofrecer. Los presupuestos fallidos se cuadraban gracias a que se daba por supuesto un crecimiento que las previsiones de los propios organismos oficiales niegan. Una vez más, la izquierda trata de dibujar un capitalismo más próspero y estable de lo que este puede llegar a ser. Dentro de un tiempo, cuando la realidad no pueda ser negada, la recaída en la crisis volverá a justificar la necesidad de que se sacrifiquen los mismos de siempre.

Mientras ocurre todo esto en el Gobierno Central, en el que el PSOE lleva la batuta, ¿qué ocurre en los ayuntamientos del cambio, aquellos en los que la izquierda “radical” tiene mayoría?

ces2019

Foto: A. García

Lo más rápido sería decir que no ocurre nada. Es decir, nada que pueda suponer un cambio fundamental de políticas respecto a las que ejercían los partidos anteriormente en el cargo. Salvo algunas reglamentaciones medioambientales y urbanísticas -que una derecha menos retrógrada y cortoplacista debería reconocer como garantía de un crecimiento capitalista más sostenible- la acción social y de derechos no ha avanzado en lo más mínimo.

Como decíamos en la primera sección de este documento, la izquierda tiene el complejo de querer gestionar el capitalismo mejor que los propios capitalistas. Así, el Ayuntamiento de Madrid presume año tras año de haber guardado su dinerito en una hucha para reducir la deuda heredada a un ritmo más alto del que están obligados por las condiciones del préstamo. Mientras tanto, la suciedad y el abandono es patente en los barrios trabajadores y los servicios públicos no solo no son remunicipalizados, sino que cada vez son dejados en más sectores en manos de la gestión privada. Eso sí, para crear la ilusión de escuchar más a “la ciudadanía” se liberan pequeñas partidas presupuestarias cuyo destino se puede elegir por votación telemática. Mientras cada año han “sobrado” alrededor de 500 millones de euros que se han destinado al pago anticipado de la deuda, los tan publicitados presupuestos participativos han contado con 60 millones de euros los dos primeros años y 100 millones los dos siguientes. Sin embargo, menos de la mitad de los proyectos amparados en esos presupuestos participativos se han llegado a realizar, con lo que ni siquiera se terminan utilizando esas cantidades. El tufo a política rancia de estos adalides del cambio alcanza el grado máximo cuando cuatro meses antes de la elecciones Madrid se llena de cuadrillas de asfaltado y reparadores de esquinas que intentan suplir a toda velocidad el abandono de cuatro años en los que solo se ha hecho caso a la Gran Vía de las flag-ships y las grandes cadenas de moda.

Donde la iniciativa emprendedora de Manuela Carmena se muestra más al descubierto es en el campo de los desarrollos urbanísticos. En eso no se diferencia en nada de sus antecesores del Partido Popular. La guinda de esta legislatura se alcanzaría con la firma de la Operación Chamartín, una operación económica faraónica que se ha estado fraguando durante 25 años y que ha sido perseguida por todos los gobiernos municipales. En una ciudad en la que hay 150.000 casas vacías, otras tantas previstas en suelo ya urbanizable o en fase de construcción y, mientras, 25.000 familias se agolpan en la lista de espera de la Empresa Municipal de la Vivienda por una vivienda de alquiler social, el ayuntamiento planea una zona financiera y residencial de lujo que prolongaría el Paseo de la Castellana. Suelo en su mayor parte público y a la mitad del precio de mercado para mayor beneficio del BBVA y de la inmobiliaria San José. Ese sería el legado de un ayuntamiento del cambio, revertir el crepúsculo del ladrillo.

* * * * *

La crisis de 2007 puede llegar a tener una característica muy especial. Aunque el capital ha salido de ella, la siguiente crisis puede llegar, más de diez años después, sin que los trabajadores hayan comenzado a notar una subida de salarios ni una mejora de condiciones laborales y de vida. No es una situación exclusiva de España: la Organización Internacional del Trabajo se extraña ante un período de crecimiento internacional en el que no se elevan los salarios.

Si nos centramos en nuestro país las razones son claras. La recuperación del capital no ha ocurrido a pesar del retroceso de los trabajadores. Todo lo contrario, la recuperación del capital se ha dado, como hemos visto, a costa del retroceso de los trabajadores. El problema es que la recuperación no ha alcanzado el nivel en el que el beneficio puede llegar a ser repartido, dados su magnitud y el nivel existente de confrontación de clase. Si ha dejado algún alivio entre la clase trabajadora ha sido como consecuencia del descenso del paro, pero con el condicionante de que los empleos creados han sido de ínfima calidad y totalmente dependientes de factores coyunturales y de ciclo. Como venimos identificando en todo el documento, la presión por el mantenimiento del beneficio no se ha relajado durante la débil recuperación, e incluso podemos afirmar que tendrá que acentuarse si se confirma una nueva recesión.

Por eso, si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que el capital tiene una necesidad imperiosa de aumentar las áreas de obtención de plusvalor. De esta manera, Uber y Cabify no pretenden crear puestos de trabajo; su intención última es sustituir puestos de trabajo en los que el trabajador es propietario de sus medios de producción por otros en los que un asalariado trabaja para ellos. De igual forma, el capital comercial hace uso a partes iguales de las posibilidades de las nuevas tecnologías y del alto nivel de paro para reemplazar al comercio fijo tradicional por un entramado de logística-transporte-reparto, que convierte a una gran masa de trabajadores descualificados en meros apéndices de una pantalla de seis pulgadas. De igual forma, en la Administración Pública los procesos de amortización de plazas y de expulsión de interinos no persiguen solo la reducción del gasto público. El objetivo a medio plazo es que todo aquel gasto que sea inevitable se preste desde empresas privadas que firmen contratos con la Administración. Tampoco es nada que deba sorprendernos, hay una larga historia de guarderías privadas, colegios concertados, masters privados, hospitales de gestión público-privada, UTEs de recogida de basuras, polideportivos y centros culturales en manos de empresas de animación socio-cultural, etc. Si atendemos al perfil del trabajador y no al sector de actividad, está invasión ya se ha extendido dentro de las ramas que aún son de gestión pública entre todo el personal “auxiliar”: mantenimiento, chóferes, informáticos, etc.

De igual forma, en los sectores donde el capital ya está completamente asentado, la tónica es la de una inexorable intensificación de la explotación. La evolución de la legislación laboral llevada a cabo durante décadas por los sucesivos gobiernos de socialistas y populares se ha encargado de eliminar cualquier posible freno a este incremento. En realidad, el Estado al completo está al servicio de esta lógica. Si el Poder Legislativo no ha sido lo bastante claro al redactar una ley, el Poder Judicial está ahí para aclarar los términos. No hace falta despedir a una embarazada, basta con decir a la subcontrata a la que pertenece que su trabajo ya no es necesario. El trabajador enfermo puede ser despedido si no demuestra que su enfermedad constituye una minusvalía. Los contratos de trabajo son papel mojado: “¿firmas la aceptación de estos cambios sustanciales?” “Por supuesto tienes derecho a negarte e irte al paro con despido improcedente”. Los ERTEs hacen recaer directamente sobre los trabajadores el coste de cualquier bache estacional o de mala gestión que atraviese la empresa. Si esto no basta, los despidos por causas objetivas o los EREs arrasan con todo aquel que la empresa quiera quitarse de en medio. Para nuevas contrataciones, ¿qué tal un becario que trabaje casi gratis? En realidad debería pagar por que le estemos permitiendo formarse. Si el trabajador tiene que hacer guardias, desplazamientos o actividades discontinuas, se le paga por las horas en las que presta la actividad que le interesa al empresario; el tiempo intermedio, aunque sea de disponibilidad, no tiene que ser remunerado. Podríamos seguir.

Como hemos visto en la sección primera, estas tendencias y contratendencias están ocurriendo a nivel internacional. Nuestra especificidad es vivirlo desde un país de baja productividad inserto en un mercado global en crisis. Ello da forma a la reacción del capital local y de las instituciones que lo amparan, pero no invalida ninguna de las reglas básicas que éstos deben seguir. No hay una explicación basada en la maldad o incapacidad congénita de políticos o empresarios, ni en que intenten ayudar a sus amigos, ni en que sean corruptos -por mucho que haya numerosos ejemplos al respecto-. Como ya expusimos sucintamente en la introducción, en este extenso artículo defendemos que todo esto ocurre porque el capital sigue unas reglas -tiene una lógica interna- que escapa a la voluntad de los propios actores, incluso aunque ostenten puestos de gobierno. Es más, ostentar puestos de gobierno en el Estado burgués requiere del convencimiento sobre la necesidad de remar a favor de estas reglas, pues el Estado burgués no es más que su garante de última instancia.

El PSOE se postula al poder con un expediente impoluto para ejercer el puesto. Por su parte, la generación de Unidos Podemos quiere hacer valer las credenciales de haber extirpado el concepto de lucha de clases de la izquierda española. Tampoco es que hayan encontrado mucha resistencia: lo han hecho sobre las ruinas de un Partido Comunista que había dejado de creer en el comunismo ya antes de ser legalizado. A estas alturas, esta “nueva” generación ya no espera que se les premie con un sorpasso ni nada parecido; les basta con seguir ganando para pagar el chalet en la carretera de La Coruña y obtener un puestecito en el que demostrar lo sobradamente preparados que están. Algunos de ellos, como Errejón, se trasladan con sus significantes vacíos, su peronismo y sus proyectos políticos ciudadanistas y transversales a orbitar en una espiral que tarde o temprano desembocará en el PSOE o algo parecido.

Tanto los unos como los otros aceptan las reglas capitalistas, pero afirman que en un momento dado ellos pueden actuar para cambiar sus consecuencias. El PSOE es el más pragmático, y se limita a dar a entender que es en el crecimiento capitalista continuo donde los trabajadores pueden encontrar las mejoras que desean. El crecimiento es, pues, un interés compartido de empresarios y trabajadores. Ellos deben estar ahí solo para evitar que se haga trampa en el reparto. Los podemitas, abandonado el análisis de clase pero intentando capitalizar el hartazgo de los que llevan décadas esperando el reparto que nunca llega, no dejan de recopilar aquí y allá teorías novedosas que, según ellos, se pueden injertar en el capitalismo para hacerlo funcionar de acuerdo a los intereses de toda la sociedad. No dejan de representar el papel de los utopistas del siglo XIX, lo que a estas alturas no se puede considerar más que la historia repetida como farsa.

Desafortunadamente, a la izquierda de ellos el panorama no es mucho mejor. Ni los expulsados del PCE que se han reagrupado en organizaciones, publicaciones o plataformas diversas, ni las organizaciones o partidos supuestamente revolucionarios han sabido revitalizar su discurso tras la deriva anquilosante a la que fue arrastrado por el siglo XX. Olvidada la frescura y la capacidad analítica del marxismo, sus discursos son cansinas invocaciones al imperialismo norteamericano, a los monopolios y a las supuestas intenciones anexionista de Alemania a través de la UE. La desconexión con la clase trabajadora en la que deberían estar integrados es absoluta; los conceptos marxistas se cruzan con el ciudadanismo de clase media. La explotación es la que se sufre en Bangladesh o, como mucho, en los ramos locales más precarizados; todo lo demás son salarios no dignos. La derecha liberal catalana se convierte en una derecha más europea que parece compartir intereses comunes con sus trabajadores; no es una lucha de capitales por un reparto del exiguo pastel. La paridad en los consejos de administración es una reivindicación desde el hermanamiento entre mujeres; el que esos consejos de administración hayan transformado durante cuatro décadas el grueso de la plantilla en temporales y subcontratados, que pueden ser no renovados con impunidad en caso de embarazo, eso se considera un hecho desconectado. Carentes de una explicación, de una base propia, su reacción es siempre tomar el camino contestatario que les ha dejado preparado el sistema, en lugar de denunciar que son falsos los dos caminos.

Es hora de terminar este largo texto sin perderse en más digresiones. Creemos cumplidos los objetivos que nos marcamos en los primeros párrafos: a) el análisis que efectuamos el año pasado se ha visto confirmado en lo esencial; b) hemos intentado explicar las tendencias más relevantes aparecidas en estos doce meses de forma coherente con nuestras tesis principales; y c) no vemos ningún motivo para cambiar nuestro análisis a corto y medio plazo.

El capitalismo es un camino de momentáneas subidas e inevitables crisis. Dado que se basa en la obtención de beneficios mediante la explotación del trabajo asalariado, las primeras llegarán a los trabajadores en la medida que no entorpezcan el crecimiento; las segundas conducirán inevitablemente al aumento de la explotación. El Estado burgués y las instituciones internacionales no son más que el marco que garantizan este orden. Su cohesión puede verse más o menos afectada por los conflictos entre capitalistas, pero nunca hasta el punto de que pierdan de vista que su confrontación principal es con el trabajo asalariado. Los trabajadores hemos perdido de vista ese principio, principalmente porque las organizaciones de que nos habíamos dotado se han plegado a la lógica del capital. Es el momento -ya lo fue el año pasado y lo seguirá siendo el siguiente- de que recuperemos la comprensión de quién es el adversario y nos planteemos la necesidad de organizarnos como el nuevo primer paso hacia la única solución: el socialismo.

Autor: duval

Fuentes de datos y enlaces de interés (para las tres partes)

· Banco de España; 2018; Boletines económicos 3 y 4/2018.
· eldiario.es; 15/12/2018; Tres años de presupuestos participativos de Carmena: desencanto y frustación en colectivos vecinales.
· eleconomista.es; 13/9/2018; La deuda de Telefónica ya es un 25% mayor de lo que vale en bolsa; Carlos Jaramillo.
· El País; 1/1/2019; El Ibex 35 termina 2018 con una caída anual de casi el 15%, la mayor desde 2010; Cristina Delgado.
· Espacio de Encuentro Comunista; 9/5/2018; El Gobierno busca despedir de la Administración entre 700.000 y 900.000 temporales interinos.; encuentrocomunista.org
· Duval; 5/2/2018; Contexto económico y social 2018; Crónica de clase
· Expansión; 5/2/2019; La CNMC quiere controlar la deuda y el dividendo de las energéticas
· Funcas; 2018; Innovación y competitividad: desafíos para la industria española.
· Haldane, Andrew G.; 2018; The UK’s productivity problem: hub no spokes; Bank of England.
· Instituto Nacional de Estadística; 2006-2018; Encuesta de Población Activa.
· Marx, Karl; 1877; Carta al director de “Otiechéstvennie Zapiski”; Marx desde cero
· Marx, Karl y Engels, Friedrich; 1848; Manifiesto del Partido Comunista.
· Menéndez, Ávaro y Munido, Maristela; 2018; Resultados de las empresas no financieras en 2017 y hasta el tercer trimestre de 2018; Banco de España
· Organización Internacional del Trabajo (OIT); 2018; Global Wage Report 2018/2019.
· Roberts, Michael; 2018; Imperialism, globalization and the profitability of capital; https://rupturemagazine.org/2018/01/25/imperialism-globalization-and-the-profitability-of-capital/

Para comentarios de fondo y de actualidad sobre economía marxista:

Blog de Michael Roberts (El blog es en inglés. Es frecuente encontrar traducciones de sus artículos en diferentes webs en castellano):
https://thenextrecession.wordpress.com/

Blog de Rolando Astarita:
https://rolandoastarita.blog/