Derivados y mercados capitalistas: el corazón especulativo del capital

Tony Norfield trabajó durante muchos años en las salas de operaciones de la City de Londres, en el área de los derivados financieros. PhD por el departamento de economía en la School of Oriental and African Studies de la Universidad de Londres, mantiene el blog de economía marxista Economics of Imperialism. Reproducimos este artículo escrito en 2012 por su interés y su vigencia. Si el relato económico predominante de la progresía se empeña en aislar su crítica sobre un sector del capitalismo que ha crecido fuera de control, en manos de unos gobernantes vendidos al “neoliberalismo” y la “financiarización”, en este artículo Norfield dibuja un cuadro en el que las cosas tienen causas materiales que las provocan. Tomando los derivados como exponente máximo del llamado capitalismo financiero, el autor se esfuerza en explicar para quien no es economísta qué son y cuál es el origen de los derivados y cuáles son los motivos por los que estos crecieron fuera de control. En esta explicación no queda espacio para capitalismos buenos y capitalimos malos. Pensamos que Norfield cumple su objetivo, algo que bien merece un pequeño esfuerzo de lectura por nuestra parte.

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Derivados y mercados capitalistas: el corazón especulativo del capital

Tony Norfield, 2012

Historical Materialism 20.1 (2012) pp. 103-132

 

1 Introducción

Las secuelas de la crisis que estalló en 2008 con el colapso de Lehman Brothers se perciben aún claramente entre nosotros. Incapaz de resolver la crisis actual, los legisladores de Estados Unidos, de Europa y del resto del mundo tratan desesperadamente de endurecer la regulación de los mercados financieros para protegerse contra una crisis futura. El foco de los planes legislativos está puesto en el mercado de derivados, particularmente en los relativos al impago de créditos [1]. Este artículo examina el papel que juegan los derivados en el sistema mercantil capitalista [2]. Pone de manifiesto que los derivados son un desarrollo natural de los mercados capitalistas, y que la especulación es inevitable. Yendo más allá, al examinar el desarrollo de los derivados como una variable ligada a los problemas en la acumulación del capital, nuestro argumento es que los derivados están lejos de ser la fuente del problema. Se mostrará que los derivados no son más que otra herramienta utilizada por el capital de las principales potencias -especialmente en los mayores gigantes bancarios, los Estados Unidos y el Reino Unido- con la que intentar superar la debilidad de la rentabilidad. De esta forma, el auge de los derivados no es un signo de la “sofisticación” financiera, de la potencia de las computadoras o de la globalización de los mercados, sino una jugada desesperada de los capitalistas para encontrar otra vía por la que estimular los beneficios [3]. En este contexto, los llamamientos a reformar los mercados de derivados son, como mucho, irrelevantes.

El hecho de que el foco oficial centre el problema en los derivados desvía la atención de las causas subyacentes de la crisis y lo traslada hacia propuestas para lidiar con los excesos del capitalismo. Los gobiernos europeos han estado especialmente centrados en los dos últimos años en el área del mercado de derivados conocida como permutas o seguros de impago de creditos [n.del.t.: el nombre en inglés es Credit-Default Swap o CDS, que es como se conocen más popularmente y como los llamaremos en adelante]. Estas permutas permiten a los poseedores de bonos obtener un seguro contra la posibilidad de que una empresa o un país incumpla sus obligaciones de pago, y se han convertido en unos importantes vehículos para la especulación sobre la probabilidad de que tal cosa pueda ocurrir. Durante el 2011, los planes europeos para manejar la crisis de la deuda griega estuvieron dominados por cómo plantear una solución que evitara ser calificada como “evento de crédito” que pudiera provocar los pagos de los contratos de CDS.

Los CDS ocuparon el centro del escenario en su papel de “hombre del saco de los derivados” para los políticos europeos de final del año 2009. Ello ocurrió cuando se hizo evidente lo que los mercados financieros pensaban de Grecia, un país que había manipulado sus datos financieros para entrar en el euro [4]. No es difícil imaginar la frustración de los políticos de la zona euro con todo esto. Sus planes para resolver la crisis podían volar por los aires a manos de los mercados financieros a los que ellos mismos habían dado alas previamente. El problema era aún más alarmante, pues con las frágiles finanzas de otros países del euro bajo presión, el proyecto político de la unión monetaria se encontró amenazado. La frustración con los derivados creció hasta el punto de que un columnista del Financial Times, periódico de la élite europea de los negocios, apeló a la prohibición de algunas formas de su comercialización [5].

Este artículo comienza con una breve nota acerca de cómo entender los derivados, revisando alguna literatura reciente. Las secciones 3 y 4 muestran cómo los derivados se desarrollaron como una herramienta de cobertura dentro del sistema mercantil capitalista. La sección 5 discute hasta qué punto es posible distinguir la especulación de la cobertura. La sección 6 sitúa el crecimiento de los derivados en el contexto de una rentabilidad decreciente y de la crisis, y en la sección 7 se dan algunos ejemplos concretos sobre el papel de los derivados en la especulación con materias primas, el fiasco de la deuda hipotecaria y las crisis de la deuda soberana. La sección 8 analiza el papel de la desregulación y de las reformas propuestas en la comercialización de derivados.

2 ¿Dónde encajan los derivados?

La definición de derivado es engañosamente simple. Es un contrato financiero cuyo valor se deriva de alguna otra cosa. Sin embargo, los mercados capitalistas generan un desconcertante volumen de esas “otras cosas”. El valor de los contratos de derivados financieros puede depender de algo como el precio del cobre, el precio de un valor financiero particular (un bono o una participación de capital), la temperatura, la no realización de un pago, hasta el precio de otro contrato de derivados (como en el caso de una opción en un contrato de futuros). También puede ocurrir que el valor del contrato de derivados refleje el precio de otros varios activos financieros, o incluso de factores que puedan afectar al valor de estos [6]. Cualquiera que sea esa otra cosa, el derivado no es el activo subyacente.

Por ejemplo, el poseedor o poseedora de un contrato de futuro para comprar una tonelada de cobre a un precio determinado no posee el cobre en la práctica. Solo lo hará cuando el contrato venza, digamos que en marzo de 2012. Antes de ese momento, el contrato puede ser vendido con un beneficio o una pérdida, en base al cambio en el precio del cobre contra el que se tiene un contrato de futuro. Ocurre algo similar en todos los contratos de futuro, ya sean en materias primas, en instrumentos financieros o cualquier otra cosa [7]. En el caso de los derivados llamados opciones, el poseedor de una opción para comprar un valor financiero a un precio determinado en junio de 2012 no gana ningún dividendo o interés devengado de la posesión antes de que la opción sea ejercida, porque él o ella no posee el valor financiero. Todo lo que se “posee” es un contrato para comprar el valor a un precio concreto hasta la fecha de vencimiento (y la opción no sería ejercida si el precio de mercado fuera inferior al precio de ejecución del valor). Para derivados tipo permutas de tasa de interés, las partes de un trato acuerdan unas secuencias de movimientos de efectivo sobre un periodo de tiempo predefinido que está relacionado con sus activos o pasivos existentes. No intercambian los propios activos o pasivos.

Dadas estas características de los derivados, es muy engañoso por parte de Bryan y Rafferty el afirmar [8] que los derivados son “mercancías que juegan múltiples funciones monetarias” y que su “capacidad de ser medidos como mercancías es lo que hace a los derivados financieros fundamentalmente distintos de otros títulos en papel, como el dinero fiduciario”. Esta “capacidad de ser medidos” es simplemente el valor calculado del derivado, que es expresado casi exclusivamente en términos de una divisa importante, normalmente dólares americanos. No existe una unidad de cuenta en derivados, medida en número de páginas del contrato o con el valor determinado por cómo de lejos se encuentra del valor del activo subyacente. La capacidad de ser medidos viene dada por el valor del derivado en dinero fiduciario que Bryan y Rafferty afirman que el derivado ha trascendido de algún modo.

La así llamada capacidad de medir vía derivados es también particularmente inestable por la relación habitualmente compleja entre el valor del derivado y el precio del valor subyacente. En el caso de bonos o participaciones, el precio del valor que hay debajo ya es el valor capitalizado de los retornos futuros esperados -lo que Marx llamó “capital ficticio”. Aquí el “valor dinerario o de capital o bien no representa capital alguno, como en el caso de la deuda pública, o bien resulta independientemente regulado por el valor del capital real [como en el caso de participaciones, por ejemplo] que representan” [9]. Un derivado sobre capital ficticio, como en el caso de los bonos o futuros de participaciones y opciones, tiene un valor que es regulado en lo que es otra forma independiente, aún más separada del capital o la materia prima en la que se basa en última instancia.

Tomemos el ejemplo de las opciones de compra, aunque argumentos similares aplican a todos los derivados. El valor de una opción de compra para comprar una mercancía o una participación a determinado precio futuro variará en un rango entre cero y un número ilimitado de dólares. Otra opción de compra con la misma fecha de vencimiento y el mismo precio de ejecución sobre la misma participación puede tener una condición “barrera” asociada a ella. La condición puede ser que la segunda opción de compra solo es válida si el precio de la participación cae a un cierto nivel en las próximas dos semanas (una barrera “de entrada” o “knock-in”). Ambas son derivados sobre la misma participación, pero el valor de cada derivado será calculado de forma muy distinta [10]. Esto pone en cuestión la validez tanto de la capacidad de medir los derivados como de la afirmación de que son una forma de dinero.

Más aún, dado que un derivado no es el valor subyacente, tiene un tiempo limitado durante el que es válido. No es un buen negocio si el precio del valor subyacente está solo al precio de ejecución o al precio de contrato al momento del vencimiento y un diez por ciento más alto al día siguiente. El derivado habrá expirado sin valor porque la apuesta se hizo con veinticuatro horas de error. Incluso con billetes de dólar en períodos de depreciación, uno no se encuentra con una fecha de caducidad en ellos. Estas características de los derivados difícilmente permiten clasificarlos como “dinero claramente global” [11] o como “dinero claramente capitalista” [12]. Estas afirmaciones habrían perdido de vista algunos funciones clave del dinero: los derivados dan una bastante inestable “medida del valor”, así como una muy poco satisfactoria “reserva de valor” [13].

Estaríamos de acuerdo con Bryan y Rafferty en que los derivados son una “expresión integral del capitalismo” [14]. Sin embargo, su noción de los derivados parece haber sido influenciada más por el enorme volumen y diversidad del mercado de derivados y su crecimiento explosivo en décadas recientes que por un examen de lo que ha guiado estos desarrollos. Siendo un texto escrito antes del estallido de la crisis, los autores conceden que hay un riesgo de que una crisis financiera pudiera tener un “impacto penetrante y rápido” debido a la propagación global de los derivados. Aún así, también argumentan que el sistema financiero global está “regulado, en el sentido de ser mantenido en orden [sic] por procesos y convenciones en los que los derivados juegan un papel central” [15].

De forma implícita, ellos asumen el papel que juegan los derivados al ayudar a estimular la acumulación de capital, pero dejan de lado los problemas de la acumulación de capital y de la rentabilidad en descenso, y cómo estos factores explican en primer lugar el contexto en el que crecen los derivados. Nuestro análisis es diferente, precisamente por situar el papel de los derivados en el contexto de la crisis capitalista [16].

3 El riesgo del mercado y la necesidad de un seguro sobre el precio

El origen de los derivados se puede encontrar sin más que considerar la forma más simple de circulación de las mercancías. La venta de una mercancía por dinero y la compra de otra mercancía con ese dinero (M-D-M) trae aparejados determinados riesgos. Si el poseedor de la primera mercancía no puede vender su producción, se queda atrapado con un valor de uso que no tiene valor de cambio. Si puede venderla, es posible que reciba menos dinero del que pedía. Una vez con el dinero, puede no ser capaz de comprar otra mercancía, bien porque el precio sea muy alto, o bien porque no pueda encontrarla en el mercado a ningún precio. O puede decidir retener el dinero y no comprar nada, con lo que otro vendedor de mercancías quedará decepcionado [17].

Hay dos grandes áreas de riesgo para cualquier empresa capitalista. Primero, que colapse la demanda de determinadas mercancías o que se agote la oferta de otras; segundo, que el precio recibido por el vendedor de una mercancía sea “demasiado bajo” o el precio demandado por el vendedor de otra mercancía necesaria sea “demasiado alto”. Las empresas tratan de cubrir la primera de estas áreas de riesgo con diversas formas de contratos de suministro para entregar los productos que otra compañía necesita. Pero es la segunda área de riesgo la que nos interesa aquí, la que está centrada en los niveles de precios.

Si los precios pagados por la compra y la venta de mercancías son tales que una empresa no pueda realizar beneficio, entonces carece de sentido la producción. La realidad del mercado capitalista crea así la demanda por alguna forma de seguro de precios que cubra pérdidas inesperadas. Más allá de los precios de las mercancías, existen claramente otras áreas de riesgo comercial al que se enfrentan las empresas en sus operaciones de negocio. Los niveles de las tasas de interés y de los tipos de cambio son los más importantes. Cuanto más volátiles sean, más daño pueden hacer a la rentabilidad. Aquí es donde entran los derivados.

Tanto la escala como el alcance de los mercados de derivados se han multiplicado en décadas recientes, pero hay ejemplos de operaciones de derivados que se remontan a la mitad del siglo XIX, o incluso con anterioridad a la emergencia del capitalismo [18]. Los derivados fueron desarrollados inicialmente para mercancías agrícolas e industriales importantes que tenían precios volátiles. Con mucha posterioridad aparecieron los derivados financieros. Comenzaron a tener importancia a principios de los 1970, con la ruptura del sistema financiero nacido en Bretton Woods. El mercado de futuros de Chicago comenzó a negociar con monedas en 1972, y con bonos del tesoro en 1975. Otras ubicaciones importantes de mercados de futuros y derivados se establecieron en Europa (Reino Unido, Alemania, Francia) tras los violentos vaivenes de monedas, tasas de interés, precios del petróleo, materias primas, etc., de los 1970. Esto corrobora nuestro punto de vista de que los derivados surgen de la inestabilidad de los mercados de intercambio capitalistas. Más adelante, en la sección 6, seguiremos la pista a cómo la inestabilidad de los mercados crece a la par que la crisis de la rentabilidad.

4 El núcleo de la demanda de derivados

Los derivados son vistos con frecuencia como herramientas que los especuladores utilizan para hacer apuestas sobre precios. Esta visión parecería estar soportada por el hecho de que la mayor parte de las transacciones de derivados son realizadas por compañías financieras, en lugar de por compañías no financieras que necesitan protegerse de los riesgos sobre los precios comerciales. Por ejemplo, según datos del Bank for International Settlements (Banco de Pagos Internacionales), sólo entre un 4 y un 20 por ciento de los distintos contratos de derivados son negociados por compañías no financieras [19].

Sin embargo, el hecho de que las compañías financieras negocien más con derivados no significa que los derivados existan solo para satisfacer las demandas de los especuladores. Las mismas compañías financieras también pueden usar los derivados para protegerse ante determinados riesgos, en lugar de estar simplemente apostando sobre el movimiento de los precios. Los bancos y otras empresas financieras -no solo industrias- están expuestos a cambios en tasas de interés y tipos de cambio que impactan en el coste de su financiación o en el valor de sus beneficios futuros. Así que es un error identificar todo mercado financiero con especulación [20]. Más aún, incluso si el grueso de los mercados de derivados está compuesto por especuladores puros, eso no significa que la demanda subyacente de derivados se origine en estos especuladores.

Este aspecto puede ser captado con las observaciones siguientes. En primer lugar, no hay un número significativo de mercados de derivados donde se dé una ausencia completa de coberturas comerciales. Ello sugiere que el aseguramiento comercial es un factor crítico en tales mercados. En segundo lugar, la historia de los intercambios de derivados muestra que el mercado no se desarrolla si el contrato que se negocia no consigue reflejar el riesgo en los precios al que se enfrentan un rango amplio de compañías comerciales. Cuando el contrato de derivados falla en este punto, el derivado no prosperará, ya que las empresas no podrán usarlo para protegerse de sus riesgos. Esto ocurre incluso si el contrato es “fácil de negociar”, lo que lo haría apropiado para especuladores. Así que el rey de los valores de cambio, el derivado, tiene que tener un valor de uso comercial [21]. El núcleo de la demanda de derivados viene de agentes económicos que quieren protegerse ante un riesgo comercial. No viene de los especuladores.

5 Especulación o aseguramiento

Si la demanda “no especulativa” es necesaria para dar soporte a los mercados de derivados, ¿por qué el grueso del mercado parece estar dominado por “especuladores”? La respuesta viene dada si consideramos las decisiones de gestión del riesgo de aquellos que hacen la negociación.

En el caso de una empresa que cubra el riesgo sobre sus precios mediante derivados, la posición que tome intentará anular el riesgo de un cambio en el precio del activo o pasivo subyacente. Asumiendo que el contrato es una buena protección -en otras palabras, el vencimiento y la indemnización del contrato de derivados coincide con el riesgo exacto del precio- no hay necesidad para la compañía que se quiere proteger de negociar de nuevo. Mantendrá el contrato de derivados hasta el vencimiento. Una vez llegado este, la compañía dispondrá de una ganancia (o pérdida) del derivado que coincidirá con la pérdida (o ganancia en valor) del activo o pasivo subyacente. En estas circunstancias, un asegurado no tendrá que negociar con frecuencia, o incluso no más que una vez. Sólo vería necesario realizar otras operaciones si el seguro necesitara ser revisado porque el valor del activo o pasivo protegido ha cambiado (por ejemplo, si se revisa el volumen de una orden de suministro). El volumen de negociaciones por asegurados está limitado por el alcance de sus negocios habituales.

La forma de negociar derivados de un especulador es muy distinta. Si un especulador vende o compra un contrato de derivados, no hay ninguna posición subyacente ni ningún activo o pasivo que proteger. El cambio en el precio de un derivado representa un cambio en la cuenta de pérdidas y ganancias del especulador y no hay compensación sobre la pérdida o ganancia de ningún activo independiente. El especulador está manejando un diario de operaciones, y va a ir cambiando sus posiciones de compra-venta en derivados para que se ajusten al nivel de riesgo que desea. Si sus posiciones están perdiendo valor, querrá apostar en la dirección contraria para compensar su exposición. Puede incluso cambiar de opinión sobre la evolución de los precios y convertirse en “agresivo” en un mercado que previamente pensaba que iba cuesta abajo. O puede querer obtener un beneficio de contratos que había vendido volviéndolos a comprar.

La diferencia entre los precios a los que un negociador profesional acuerda comprar y vender es un aspecto básico para ganar un beneficio de compra-venta, aparte de apostar correctamente en los movimientos del precio del derivado. Por esta razón, es posible que tenga una exposición neta pequeña a los cambios en precios y, aún así, obtener beneficios significativos. También por este motivo, la escala del número de compra-ventas llevada a cabo por los especuladores no está directamente relacionada con su exposición al riesgo. Diez apuestas a que un precio va a subir es más arriesgado que 50 a que va a subir y otras 50 apuestas contrarrestantes a que va a bajar, incluso aunque en el segundo caso el volumen de acuerdos es diez veces mayor [22].

El manejo del riesgo de un libro de operaciones hace más probable que la parte especuladora (o “no comercial”) del mercado se enfrasque en un volumen más alto de compra-ventas que la parte que da cobertura a las empresas. Esta es una característica inevitable y generalizada de los mercados de derivados. También es importante que los especuladores estén presentes en el mercado para que funcione el aseguramiento de la otra parte, y la historia de los mercados de derivados muestra que los especuladores son necesarios para su operatividad efectiva. Ello está ligado a lo difícil que es para una empresa encontrar a alguien que se quiera asegurar justo en riesgos del mismo volumen y distinto signo. Es por este motivo que la actividad de los “hacedores de mercado” o de los tratantes especulativos es fundamental. En los mercados regulados de derivados, los agentes tienen el compromiso de proveer tales precios como parte de sus reglas de actuación si quieren ser “hacedores de mercado”. En las operaciones de libre negociación, fuera de los mercados oficiales, los bancos actúan normalmente como “hacedores de mercado” para sus clientes. Este “hacer mercado” es especulativo, pero sin él el mercado no tendría liquidez y no funcionaría [23].

Es un error identificar todas las operaciones de empresas financieras como operaciones de “especuladores”, ya que éstas incluirán también los acuerdos alcanzados para asegurar sus propios riesgos de negocio. Por la misma regla, las compañías “comerciales” o “no financieras” también estarían haciendo acuerdos especulativos y no solo protegiéndose. Las reglas contables pueden intentar determinar si un acuerdo firmado por una empresa debe apuntarse como una operación de compra-venta o debe clasificarse como una cobertura. Aún así, hay mucha ambigüedad en esto.

En primer lugar, habría que pensar que una empresa que no tiene ninguna protección sobre su exposición a los precios de mercado está en la práctica jugando (“especulando”) a que los movimientos de precios futuros no van a dañar su negocio. Las empresas tienden a asegurar sus riesgos. El hecho de que el acceso a estas protecciones sea más barato para las grandes empresas es también un elemento en el proceso de monopolización de los negocios [24].

Sin embargo, una empresa que había cubierto sus riesgos de negocio puede decidir suprimir la cobertura. Por ejemplo, podría haber pensado que había un riesgo de caída en el valor de una divisa que dañara sus ingresos. Esa caída pudo haberse producido, con lo que el seguro se demostró rentable (compensando la pérdida implícita en sus operaciones comerciales). Pero la compañía puede decidir suprimir el seguro con un cierto beneficio, pensando que no se prevé una caída aún mayor. Incluso si una empresa planea estar completamente protegida, siempre tendrá un tiempo de actuación (durante el día, la semana o en el plazo hasta fin de mes) para escoger los mejores precios de mercado entre los que comprar o vender para efectuar la cobertura. Este tipo de especulación de pequeña escala al negociar derivados es muy común en los departamentos de tesorería corporativos. Las corporaciones más grandes son también negociadores muy activos en derivados, compitiendo con los bancos y otros agentes, y normalmente deben reportar objetivos de beneficio en sus tratos [25].

Las empresas pueden tener además políticas de decisión por las que esperar hasta un nivel de precios óptimo antes de contratar un seguro. En ese caso operarán agresivamente cuando los precios alcancen los niveles esperados. Si el plan no funciona pueden arrepentirse, y entrar en un estado de búsqueda desesperada de cobertura si los precios continúan moviéndose en la dirección “incorrecta”. Así que los movimientos violentos de los precios del mercado pueden provenir del aseguramiento tanto como de la especulación [26].

No se puede distinguir “especulación” de “aseguramiento” solo con mirar los datos de compra-venta de derivados del Bank of International Settlements o de los distintos mercados de materias primas. Distinguir agentes “financieros” y “no financieros”, o “comerciales” de “no comerciales” no revela los motivos de la transacción [27]. Pero el problema va más allá de cómo definir o medir la especulación. El problema real es que la incertidumbre ante los precios y el riesgo es algo a lo que se enfrentan todos los agentes en el sistema mercantil capitalista. Cada uno debe actuar de forma que proteja y expanda la rentabilidad de la empresa. Todos los especuladores van a ser aseguradores, y todos los aseguradores van a ser especuladores en alguna medida [28].

6 Rentabilidad capitalista y la forma financiera de la crisis

El foco que hemos puesto en la especulación y los derivados se debe a que la última crisis tomó un dramático aspecto financiero. Grandes bancos y otras instituciones se declararon insolventes, los mercados de dinero se paralizaron y los gobiernos abandonaron su retórica de libre mercado para rescatar al sistema financiero. Las burbujas especulativas, las crisis bancarias y las quiebras han caracterizado la historia del capitalismo, pero un estudio histórico reciente ha mostrado que la incidencia de las crisis bancarias ha crecido desde los 1970, cuando los EEUU y el Reino Unido relajaron los controles sobre los mercados financieros y exigieron a otros países para que hicieran lo mismo. Los autores del estudio subrayan que “el cómputo de crisis es particularmente alto para los centros financieros mundiales: el Reino Unido, los Estados Unidos y Francia” [29]. Este hecho debe llevar a la conclusión de que algo sistemático debe estar ocurriendo. No se trata de un accidente tras otro.

Ya tan atrás como en 1848, el economista y filósofo John Stuart Mill hizo una observación que es aún relevante hoy día: “Este tipo de vicisitudes, que comienzan con una especulación irracional y acaban con una crisis comercial, hasta ahora no han sido menos frecuentes o menos violentas con el crecimiento del capital y la expansión de la industria. Más bien puede decirse que han ido a más: en consecuencia, se dice a menudo que han creado una mayor competencia; pero, como yo prefiero ponerlo, se deben a un índice de beneficios y a unos tipos de interés bajos, cosa que hace que los capitalistas estén insatisfechos con el curso ordinario de las ganancias mercantiles seguras.” [30]. Esta afirmación temprana de la razón que hay detrás de la especulación en la economía capitalista -una baja tasa de ganancia- fue desarrollada en el análisis del capitalismo llevado a cabo por Marx. Aquellos que separan las crisis financieras de “la baja tasa de ganancia y el interés” han dado un paso atrás respecto a la comprensión de John Stuart Mill. Aún más atrás se encuentran del análisis de Marx acerca de cómo una característica fundamental de la inversión de capital es la tendencia a la caída a largo plazo de la tasa de beneficio sobre la inversión [31]. Esta tendencia empuja al capital a buscar otros medios con los que conseguir ingresos extraordinarios, a depender más de la expansión del crédito y a involucrarse en actividades especulativas.

Lo que puede aparentar ser puramente una crisis financiera es en realidad el resultado final de los desarrollos que emanan de los problemas que tiene el capitalismo para producir beneficios suficientes. Los orígenes de la forma financiera de la crisis que vemos hoy se basan en la promoción de las finanzas, particularmente por el imperialismo norteamericano y británico, y especialmente desde los últimos 1970 [32]. Las políticas decididas por los gobiernos de EEUU y el Reino Unido para liberalizar los mercados financieros estuvieron basadas en su visión del sector financiero como un área clave de la economía global en la que ellos tenían una ventaja competitiva. Esta ventaja se fundamentaba en el rol imperialista de ambas naciones en la economía mundial, y era una opción importante para ambas, especialmente si tenemos en cuenta lo difícil que es tratar de recuperar la competitividad industrial [33]. El hecho de que estas políticas se hayan mantenido administración tras administración, republicanos y demócratas en los EEUU y conservadores y laboristas en el Reino Unido -con versiones similares en otros países- muestra el grado en el que las políticas financieras están enraizadas en el núcleo del sistema. Según nuestra visión, el origen de estas políticas sistemáticas solo pueden ser adecuadamente explicadas por la crisis de rentabilidad del capitalismo.

La mejor manera de ilustrar este punto es examinar los datos de los EEUU [34]. Cálculos de la tasa de ganancia de las corporaciones norteamericanas muestran que hay una clara tendencia a la baja desde 1945 hasta los 1970, la década que trajo las crisis económicas más serias del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial hasta este momento. Hubo alguna recuperación de la rentabilidad en la década que comenzó a mitad de los 1980, tras los mínimos que marcaron los años anteriores. Sin embargo, esto dejó aún la tasa de ganancia por debajo de los mínimos de los setenta [35] (ver figura 1). Después de volver a caer en los últimos 1990, la tasa de ganancia repuntó de nuevo entre 2001 y 2006. Esta vez se produjo una abrupta subida en la tasa de beneficios reportada hasta niveles más altos que los de los 1970. Pero esta recuperación de los beneficios fue debida a la mayor burbuja especulativa en la historia de los EEUU. La mayoría de los beneficios extraordinarios registrados fueron, bien el resultado del gasto impulsado por el crédito de la época, o bien reflejaban ganancias transitorias en los mercados de valores financieros que las compañías reflejaban como ingresos. No es sorprendente que la tasa de ganancia cayera rápidamente después de 2006 cuando la burbuja explotó [36].

Los datos para calcular una tasa de ganancia para 2010 aún no están disponibles a la fecha de escribir este artículo, pero puede que muestren una tasa superior a la de 2009. Esta recuperación (si se da) debe verse en el contexto de un gigantesco endeudamiento del gobierno de los EEUU, que ha asumido los pasivos del sector privado y el rebote de las participaciones de capital provocadas por las políticas de interés cero. Esto no es un signo de capitalismo floreciente.

Figura 1: rentabilidad de las corporaciones de Estados Unidos, 1945 – 2009*. La línea punteada muestra la tasa de ganancia antes de impuestos; la línea lisa muestra la tasa de ganancia después de impuestos.

Fuente: cálculos del autor a partir de datos del US Bureau of Economics Affairs. Tablas NIPA 6.17, línea 1 y 6.19, línea 1 para beneficios; Tabla de Activos Fijos 6.3, línea 2, para activos fijos.

*Nota: los beneficios corporativos para el año en curso están divididos por la media del stock de activos fijos del año anterior y el actual. Los activos fijos están medidos a precios históricos. Los beneficios son para las corporaciones financieras y no financieras estadounidenses.

La conclusión que dibujamos es que la última burbuja financiero-especulativa comenzó como respuesta a la caída previa de la rentabilidad hasta 2001. Las tasas de interés cayeron en los países más poderosos y los bancos centrales expandieron el crédito porque el crecimiento y la inversión eran muy débiles [37]. Este bajo crecimiento y baja rentabilidad llevó a los bancos y a otras empresas a buscar otras fuentes de beneficios. El resultado fue la expansión de la especulación [38].

Esta fue la era de la “innovación financiera” y una turbulenta sopa de letras de acrónimos: ABS, CDO, CDO-squared, CDS, CDPO -y esto es solo una muestra de los que hay hasta la letra C [39]. A la par que la innovación -y su estímulo- se produjo un esfuerzo bien determinado por encontrar huecos en la legislación corporativa, en las reglas impositivas y en la regulación que pudiera utilizarse para incrementar los beneficios. Las corporaciones no invertían en unas actividades productivas que ofrecían pocos retornos y no estimulaban a los inversores. En su lugar, se volvieron hacia la “ingeniería” financiera y “produjeron” mucho más dinero de esa manera. Todo fue bien, y, por un momento, extremadamente bien. Después de 2006, el estirado elástico de la expansión financiera y crediticia pegó un latigazo hacia su situación normal [40].

El papel de los derivados en la última crisis fue el de ayudar a extender el crecimiento especulativo. En este sentido, hicieron la crisis peor de lo que hubiera sido en otros casos, dado que los contratos se difundieron más allá de los EEUU, saltándose cualquier barrera local. Sin embargo, los derivados no causaron la crisis, sino que simplemente le dieron una intensidad y un aspecto financiero peculiares. El bajo crecimiento y el bajo rendimiento fueron el motivo para la expansión de los mercados de derivados y de la “innovación financiera”. Junto a otros aspectos del sistema crediticio, los derivados pueden ayudar a impulsar la acumulación de capital al ahorrar a las empresas costes operativos, al dar la impresión de que los riesgos son menores de lo que realmente son, al parecer representar riqueza que puede ser utilizada como colateral de un préstamo y al generar apuntes de beneficios basados en precios marcados por la especulación [41]. Un parpadeo en el sistema o un préstamo que no se devuelve como se esperaba pueden detonar un colapso financiero al poner en cuestión los presupuestos detrás de otra miríada de acuerdos. Esto es lo que se quiere decir con la frase de una “falta de confianza” en los mercados financieros: un miedo a que los valores esperados son ilusorios. El colapso financiero impacta en la economía “real”, dado que el crédito es retirado y se secan los fondos prestados por los bancos, incluso a empresas hasta ese momento viables. El resultado final es una crisis aún peor, cuando ésta llega.

7 Ejemplos de especulación, derivados y crisis

En esta sección examino tres puntos para dar ejemplos más concretos del papel de los derivados. Mostrarán cómo ese papel vino dado por una baja rentabilidad y los problemas en la acumulación del capital.

  • 7.1 Especuladores institucionales en los mercados de materias primas

    Las audiencias del gobierno de los EEUU han examinado muchos ejemplos de turbulencias en los mercados de futuros durante la última década [42]. Cuando el precio del petróleo subió desde los 90 hasta los 150 dólares en la primera mitad de 2008 y después se derrumbó hasta los 40 dólares a final del año, incluso los legisladores estadounidenses más contrarios a las regulaciones estuvieron preocupados por la estabilidad de los mercados y el potencial de daño de la especulación a los mercados. Lo que ha concitado más atención en años recientes ha sido la acumulación de mucho más capital en los mercados de materias primas, acompañados de síntomas de una mayor volatilidad de precios. Los mercados de derivados de materias primas son mucho más pequeños que los mercados de derivados financieros. Ello significa que el impacto en los precios de mil millones de dólares invertidos en derivados de materias primas es grande comparado con el impacto que tendrían en mercados de divisas o de tasas de interés.

    Un testigo que declaraba en un Comité del Senado de los EEUU apuntó que, en años recientes, había habido una “nueva categoría de participantes en los mercados de futuros de materias primas: los inversores institucionales” [43]. Estos incluyen a los fondos de pensiones empresariales y públicos, fondos de dotación universitarios, fondos soberanos de inversión y otros inversores. Es un interesante contrapunto a la caricatura popular de los especuladores como atroces jugadores corriendo detrás de un beneficio rápido. Sin embargo, este testigo calificó a estos fondos como “especuladores” porque compran contratos de futuros con la esperanza de que suban de precio, en lugar de comprarlos como cobertura. Esto es correcto desde el punto de vista técnico, pero el hecho de que estos fondos sean inversores a largo plazo en materias primas no encaja muy bien con la imagen habitual del especulador.

    Un gran número de fondos de pensiones globales y otros inversores institucionales aceptaron las materias primas desde principios de los 2000 porque los rendimientos de las inversiones financieras tradicionales que eran su núcleo tradicional (bonos, participaciones) eran pobres. Los mercados de participaciones habían caído hasta un 50% o más de su valor entre el 2000 y principios de 2003, y los rendimientos de los bonos a largo plazo habían descendido hasta niveles significativamente inferiores a los típicos de los 90 -por supuesto que en índices nominales, pero también en términos reales ajustados con la inflación [44]. Si bien los menores rendimientos de los bonos suponían todavía una ganancia de capital para sus tenedores, significaban que inversiones adicionales en bonos eran cada vez menos atractivos. Esto hizo a las materias primas parecer más apropiadas como una nueva “clase de activos”. Esta decisión de pasarse a las materias primas no fue más que una estrategia clásica de gestión de carteras: buscar un nuevo activo que ofreciera rendimientos potenciales y cuyo precio tuviera una correlación baja con los activos existentes. Esto mejora el perfil de riesgo/rentabilidad. El margen para futuros incrementos del precio de las materias primas venía dado por las previsiones de demanda ampliada procedente de Asia, especialmente de China, mientras creciesen los estándares de vida en esta zona del mundo.

    Así que los fondos de pensiones y otros fondos de inversión de largo plazo se pasaron a las materias primas. Desde una relativamente baja cantidad de 13.000 millones de dólares a finales de 2003, los activos asignados a las estrategias de negociación de índices de materias primas se multiplicaron 20 veces hasta alcanzar los 260.000 millones de dólares en marzo de 2008.

    Estas instituciones solo reservaron una pequeña parte de sus activos (generalmente menos de un cinco por ciento) como materias primas. Esto estaba muy lejos de jugarse hasta la camisa, y se corresponde con una aproximación muy conservadora a la inversión. Sin embargo, un porcentaje pequeño de un enorme volumen de activos supone una alta suma de capital. Los fondos también compraron contratos de futuros en lugar de las propias materias primas. En lugar de los problemas de almacenar barriles de petróleo, fanegas de trigo o cabezas de ganado en el aparcamiento de la empresa, bastaba con reinvertir los contratos de futuro para el período siguiente una vez que la fecha de caducidad del anterior se acercaba, en lugar de aceptar la entrega de la mercancía [45].

    Uno de los fondos de pensiones más grandes es Stichting Pensioenfonds ABP, basado en Holanda y responsable de las pensiones de 2,8 millones de profesores y funcionarios. Su objetivo es dar un 7% de beneficios sobre la inversión -algo nada sencillo cuando los bonos gubernamentales dan un rendimiento mucho más bajo [46]. Este fondo se pasó a las materias primas a principios de los 2000 y hacia el final de 2009 invertía casi un 3% de sus 260.000 millones de euros en fondos -cerca de 7.000 millones- en este “tipo de activos”. Otro fondo de los grandes, CalPERS, el sistema de pensiones de los empleados públicos de California, tenía activos invertidos por un valor de 200.000 millones de dólares a finales de 2009. Maneja las pensiones de 1,6 millones de personas y también comenzó a invertir en derivados de materias primas en 2007. La reunión de su Consejo en 2008 expresó su intención de destinar hasta un 3% a las materias primas [47]. El plan de pensiones de los profesores de Ontario, que gestiona las pensiones de 289.000 profesores jubilados y en activo de Canadá también se introdujo en las materias primas, y tenía 1.900 millones de dólares canadienses, casi un 2% de sus activos, invertidos en materias primas a finales de 2009 [48].

    El trasvase a derivados de materias primas por parte de fondos de pensiones o de inversión fue el resultado de los bajos rendimientos de sus inversiones financieras, no un deseo súbito de jugar con los precios de las materias primas. Estos bajos rendimientos fueron provocados por la rentabilidad en declive del sistema en su conjunto. Es claramente insostenible para el capitalismo el mantener altas tasas de interés real cuando la rentabilidad del sistema es baja [49]. El impacto causado fue el de disparar el precio de un grupo de materias primas y exacerbar la volatilidad del mercado. Pero la intención de los fondos era maximizar la rentabilidad de sus inversiones, limitar las aportaciones de sus miembros y generar rendimientos para pagar pensiones y otros salarios [50].

  • 7.2 La rentabilidad de la banca, los CDO y los CDS

    La crisis de la deuda hipotecaria en los EEUU y su extensión a través del globo en forma de derivados ha sido discutida muy extensamente [51]. Así que aquí solo analizaremos los aspectos relacionados con nuestra argumentación sobre el comercio de derivados.

    Desde los 1970 los bancos de EEUU crearon participaciones en los pagos que recibían de los titulares de deuda hipotecaria. Al final de los años 80, se hicieron también participaciones sobre otras formas de préstamos y deuda de los que eran acreedores los bancos, lo que se convirtió en las Obligaciones de Deuda Garantizada [o CDO por sus siglas en inglés de Collateralized Debt Obligations]. La ventaja para los bancos era que esto servía como mecanismo para disparar sus ganancias y su potencial de rentabilidad. Ellos podían vender esas participaciones a inversores, recibir dinero en metálico y disponer así de capital fresco con el que financiar una nueva ronda de negocios. De forma sencilla, así fue como los bancos utilizaron los derivados para acortar el período de circulación del capital para aumentar la rentabilidad al no tener que esperar hasta que los importes de las hipotecas fueran totalmente devueltos. Desde un monto estimado de 68.000 millones de dólares en el 2000, la emisión de CDO se multiplicó por siete hasta alcanzar una cantidad masiva de 456.000 millones de dólares en 2006 [52]. En paralelo a esto, los beneficios del sector bancario subieron más del doble en ese período [53].

    Esas nuevas participaciones estaban diseñadas para aprovechar la legislación de impuestos y las reglas sobre la adecuación del capital bancario establecidas por los reguladores gubernamentales. Estas de hicieron de tal manera que se minimizara el uso de capital por parte de los bancos y se maximizaran los beneficios potenciales sobre el capital. Para ello se establecía la posibilidad de crear unos Vehículos de Propósito Especial [o SPV por sus siglas en inglés] que se convertían en los poseedores de los créditos, emitían los CDO y pagaban al banco de los ingresos que recibían [54]. El resultado fue una emisión masiva de tales participaciones por parte de los bancos norteamericanos que se vendió a lo ancho de todo el mundo. Esto hizo de la crisis de los préstamos hipotecarios de alto riesgo [o sub-prime por su nombre en inglés] un fenómeno global.

    Como ya hemos dicho (ver la sección 7.1 anterior), los primeros años del nuevo milenio se caracterizaron por los bajos rendimientos en los mercados de capital y de bonos. Por comparación, las participaciones basadas en deuda hipotecaria norteamericana resultaban atractivas para un amplio espectro de inversores, tanto en su país como fuera, dejando dos o tres puntos de interés adicionales sobre bonos corporativos con la misma calificación. El hecho de que los bancos de Estados Unidos tuvieran una idea más clara del riesgo crediticio real (peor) de esas participaciones que las agencias de calificación o que otros inversores fue otra forma en la que se beneficiaron de estas transacciones. Ha habido muchos informes sobre cómo la calificación crediticia de tales participaciones era inflada antes de venderla a inversores, y hubo sin duda un alto componente de fraude en este negocio [55]. Sin embargo, los inversores eran en su mayor parte “jugadores profesionales” y entraban tentados en el nuevo mercado debido a la oportunidad de escapar del entorno de bajos rendimientos que amenazaba a sus negocios.

    El colapso en el valor de los CDO no tuvo directamente nada que ver con el mercado de derivados. Fue provocado por el incremento en los impagos de hipotecas que dieron lugar a una drástica degradación de las calificaciones de estos créditos mientras la crisis económica se extendía y los precios inmobiliarios caían. Donde el mercado de derivados sí que jugó un papel en esta historia fue, sin embargo, por medio de otro acrónimo: los CDS.

    Las Permutas de Cobertura por Incumplimiento Crediticio [o CDS por las siglas en inglés de Credit Default Swaps] comenzaron su existencia a principios de los 1990, pero el relajamiento de las regulaciones bancarias en 1996 condujeron a una explosión en el crecimiento de este derivado financiero. Son una forma de contrato de seguro en el que el comprador del CDS paga un plus anual y recibe una compensación del vendedor en el caso de un incumplimiento de los pagos. Los pagos pueden ser los de unos bonos corporativos, de las deudas de gobiernos locales o nacionales o por títulos CDO como los que hemos explicado antes. Los datos de los derivados CDS muestran que a mitad de 2001 las cantidades nocionales vivas eran de 631.500 millones de dólares, pero esta cifra se había multiplicado por un factor de 92 a finales de 2007, hasta unos impresionantes 58 billones de dólares [56].

    La razón detrás del crecimiento extraordinario de los contratos CDS fue la misma que para los CDO: permitieron a los bancos expandir su rentabilidad. Pero actuaron de una manera distinta. Si los bancos vendían CDS, conseguían comisiones. Y aún más importante, su compra de CDS les permitía ahorrar capital [57]. Las obligaciones que había en sus libros con una calificación débil precisaban de reservas de capital significativas para compensar el riesgo de que los deudores no pudieran pagar. Con el riesgo de impago aminorado por el contrato de seguro CDS, las reservas de capital requeridas podían ser reducidas, y los fondos liberados para su uso en la expansión del negocio. Gran parte del riesgo crediticio que se redujo con este mecanismo provenía de los CDO.

    Este mecanismo aceleró el crecimiento del negocio hipotecario de los bancos estadounidenses en paralelo al aumento del volumen de acuerdos tipo CDO y CDS. Estuvieron fuertemente interrelacionados. Algo que también ayudó a este dramático crecimiento fue la ilusión del bajo riesgo, debido a la recuperación económica de los EEUU tras 2001 y las permanentemente bajas tasas de interés. La recuperación del crecimiento hacía parecer las hipotecas menos arriesgadas y los bajos tipo de interés las hacían más asequibles. Esto abrió el camino a los préstamos de alto riesgo. Un estudio ha mostrado que para el 2006 los bancos se habían quedado ya sin clientes con capacidad de devolver los préstamos, así que cavaron más hondo en el hoyo de los préstamos de alto riesgo [58].

    Podemos ver entonces que los CDS actuaron como catalizadores en el crecimiento de la banca y el capital financiero. La demanda de este derivado estuvo dirigida hacia el aseguramiento financiero y como una manera en la que los bancos podían ajustar su exposición al crédito con sus clientes, pero esta demanda creció dramáticamente porque también fue una forma de expandir la rentabilidad en un momento en el que los bajos tipos de interés amenazaban con dañar a la banca y a los rendimientos de la inversión.

  • 7.3 Las crisis de la deuda soberana y los CDS

    Desde finales de los 1990 también se habían firmado Permutas de Cobertura por Incumplimiento Crediticio (CDS) contra el riesgo de que los países dejaran de pagar su deuda. Sin embargo, en esos primeros momentos los CDS se emitían para países como Tailandia, Corea del Sur, Rusia, México y Brasil. La única potencia capitalista con un volumen de CDS suscrito contra su deuda era Japón, dadas las preocupaciones de los mercados financieros sobre su prolongado estancamiento económico y su creciente deuda pública. Cuando estalló una crisis, tal y como ocurrió en 1997-8 en una serie de países asiáticos y Rusia, los especuladores se sintieron atraídos a contratar CDS. Sin embargo, este tipo de actividad en los mercados financieros no provocó ningún revuelo en los círculos políticos oficiales. Lo más significativo que ocurrió en este terreno fue que la asociación del sector, la International Swap Dealers’ Association (ISDA), cambió la regulación de los contratos CDS relativos a países a partir de 1999, para clarificar los términos relativos al posible impago de la deuda y los detalles de la compensación [59]. La preocupación real acerca de que los mercados financieros estuvieran apostando sobre la quiebra de estados solo comenzaron a partir de 2008, cuando la atención se centró en países mucho más próximos a los centros de poder global: Europa.

    Este no es el sitio para discutir las causas subyacentes de los problemas financieros de los países europeos, salvo para hacer notar los argumentos relevantes al ámbito de este artículo [60]. En resumen, las ondas de choque de la crisis de las deudas de alto riesgo de los Estados Unidos tras 2007, se extendieron alrededor del globo y llegaron a Europa. Por un lado, porque muchos bancos e instituciones financieras habían comprado “activos tóxicos” norteamericanos. Por otro lado, por la vulnerabilidad que cada país ya tenía a cuenta de su propia versión particular de burbuja crediticia y financiera que habían alimentado durante los siete años anteriores. Tanto en los países de la zona euro como en el Reino Unido se habían hecho comunes los niveles no solo altos, sino crecientes, de deuda de particulares sobre sus tarjetas de crédito, la especulación en el mercado inmobiliario y la libre disponibilidad de préstamos bancarios. La contracción del crédito le dio la vuelta al crecimiento económico, mientras que el desplome de la recaudación de impuestos y los enormes rescates bancarios condujeron a una crisis de la deuda soberana de los países europeos más débiles.

    Dado este devenir de los acontecimientos, tiene poco sentido acusar a los CDS de ser la causa de la crisis de la deuda soberana. Lo primero que viene a la mente es el viejo cliché de “matar al mensajero”. Las señales de los mercados de CDS sobre el riesgo creciente de que algún país pudiera dejar de pagar su deuda no eran sino un reflejo de la realidad, no su causa. En el caso de Grecia, el primer país en la cola de los posibles impagos, la ISDA hizo notar que el volumen de CDS apenas había subido en los años 2009 y 2010. En cualquier caso, los 9.000 millones de dólares ya contratados apenas suponía un 2% del mercado de bonos gubernamentales griegos (por encima de los 400.000 millones de dólares), y no es sensato razonar que el mercado de CDS estuviera marcando los precios del mercado de bonos del gobierno griego [61].

    Tampoco es válido argumentar que la culpa es de los llamados CDS “desnudos” (así se llama a los CDS contratados por aquellos que en realidad no tienen bonos gubernamentales que asegurar). Estos son una parte del total de CDS registrados, y esos poseedores de CDS bien podían tener otras reclamaciones sobre el gobierno (por ejemplo a través de valoraciones de rendimiento de coberturas de tasas de interés) o sobre el riesgo de que el sector privado resultara dañado si el gobierno dejaba de pagar. Así, no tenían por qué estar especulando. Incluso si se hubiera descubierto, contra toda evidencia, que se había creado un suma enorme de posiciones especulativas de CDS, esto no hubiera sido sino una respuesta a una crisis que saltaba a la vista de todos.

    Toda la evidencia demuestra que la crisis de la deuda griega se había estado cocinando durante mucho tiempo. La raíz se encontraba en una mezcla de evasión fiscal generalizada, el uso inadecuado (desde los 1980) de fondos desarrollo europeos para financiar gasto público corriente, un boom del crédito en el sector privado provocado por tasas de interés propias de Alemania desde la Unión Monetaria en 2001 y una competitividad en declive [62]. El gobierno griego -ayudado por Goldman Sachs y otros bancos- utilizó los derivados para ocultar la debilidad de sus finanzas y aparecer como apto para la entrada en el euro. Los derivados actuaron como la tapadera que ocultaba el fracaso griego para desarrollarse como una economía capitalista de éxito. Esto es el resultado de la naturaleza del capitalismo de hoy día (más la corrupción política y económica en Grecia), no de los excesos de los mercados de derivados.

8 Las dinámicas de los derivados, especulación y reforma

La explosión de la negociación de derivados se ha asociado en la literatura con cambios regulatorios específicos, especialmente en los Estados Unidos. Con el estallido de la crisis y los dedos apuntando a los mercados de derivados, tanto los comités gubernamentales como otras agencias han discutido qué errores se cometieron en las regulaciones anteriores sobre la negociación de derivados, y qué cambios había que realizar para evitar crisis futuras. Esto ha conducido a unas críticas sorprendentemente francas de importantes autoridades. Se han identificado cinco áreas clave de errores de regulación [63]:

  1. Los reguladores no respondieron a determinadas señales claras a principios de los 2000 de que las agencias de calificación de créditos estaban sacando jugosos beneficios por “engrasar la circulación de productos estructurados con calificaciones optimistas” y continuaron dependiendo de las mayores agencias de calificación;

  2. En 1996 la Reserva Federal de los Estados Unidos permitió a los bancos utilizar contratos de CDS para reducir sus reservas de capital; a partir de ahí no hicieron nada para regular el mercado mientras el volumen de derivados tipo CDS se agigantaba y se creaba una concentración de riesgo como contrapartida (por ejemplo, la aseguradora AIG tenía una exposición a 500.000 millones de dólares en CDS y otros derivados, en contraste con un capital propio de solo 100.000 millones);

  3. La Reserva Federal [Banco Central] norteamericana, el Tesoro [Ministerio de Economía] y la SEC [el regulador bursatil] bloquearon solicitudes de más transparencia en los mercados de derivados de libre negociación y respaldaron legislaciones con las que mantener estos mercados desregulados. El Congreso aprobó en el año 2000 la Commodity Futures Modernization Act, y una consecuencia de esta ley fue el llamado “vacío legal de Enron”, que permitió la negociación de paquetes energéticos en mercados no regulados;

  4. En 2004, la SEC norteamericana permitió a los bancos de inversión utilizar sus propios modelos de riesgo de mercado para calcular cuánto capital necesitaban reservar frente a valores de riesgo que poseían como activos (¡adivine si los bancos sobrestimaron o minusvaloraron el capital necesario!);

  5. la CFTC norteamericana, encargada de regular los mercados de futuros, permitió a los bancos de inversión un “vacío legal de las permutas” mediante el que podían utilizar los futuros para dar cobertura a sus posiciones con clientes. Esto permitió a los fondos de cobertura, a los fondos de pensiones, etc., acumular posiciones de mercado a través de los bancos de inversión, que estaban muy por encima de las posiciones límite que se autorizaban normalmente a los especuladores.

Estas críticas provenían de personas que estaban muy lejos de considerarse a sí mismos como anticapitalistas. Su foco está puesto en lo que ellos consideran bien como errores legislativos, o políticas razonables con consecuencias inesperadas o, incluso, políticas que ellos sospechaban que eran concesiones deliberadas a patrocinadores políticos. El objeto de sus críticas era el de tratar de corregir las “equivocaciones” y evitar la repetición de crisis similares [64].

Los cambios legislativos expuestos en los párrafos anteriores fueron críticos en la expansión de los mercados de derivados, y ayudaron a generar tanto la escala como la difusión global de la crisis financiera que estalló en 2007-8. Sin embargo, esto deja una importante pregunta sin responder: ¿por qué se cambiaron estas regulaciones?

Las regulaciones se cambiaron porque ese modo de actual tenía sentido para la facción dominante del capital de Estados Unidos. Para que la Reserva Federal, el Tesoro y la SEC respalden una política concreta, y para que esa política sea aceptada en el Congreso de los Estados Unidos, es necesario que dicha política sea de interés para una sección poderosa de la clase dominante, incluso aunque haya algunas voces discrepantes. No mucha gente partiría de la premisa de que los capitalistas son omniscientes, así que el hecho de que una política ampliamente respaldada acabe en lágrimas no es prueba de que fuera una apuesta para beneficiar a una pequeña élite de financieros.

Con unas miras más amplias, la racionalidad de que las autoridades de los Estados Unidos “respalden a los banqueros” se basa en el papel clave que las finanzas juegan en la posición imperialista de los Estados Unidos dentro de la economía global. Nueva York es el mayor mercado de capitales mundial, en términos de captación de deuda y fondos de capital para las empresas, y los Estados Unidos son el segundo mayor mercado de divisas (tras el Reino Unido). Considérese también la herramienta de la que dispone el imperialismo estadounidense en forma de sanciones financieras que pueden implementar a través de la banca global contra países que, como Irán, se escapan de su control [65]. Una afirmación del mismo tipo se puede hacer sobre el gobierno del Reino Unido, aunque no tenga un poder tal para aplicar cambios clave en políticas o mucha capacidad para operar sin la colaboración de los EEUU [66]. Por supuesto que pueden ocurrir equivocaciones legislativas. Sin embargo, las políticas que repetidamente favorecen a las finanzas que proceden de los centros financieros globales -los Estados Unidos y el Reino Unido- demuestra que su repetición no es una equivocación. Es una estrategia deliberada y consciente de la clase dominante basada en la estimación razonada de lo que hará a sus economías funcionar [67].

Es por ello que las propuestas de reformas gubernamentales del sistema financiero no son ningún signo de que los Estados Unidos o el Reino Unido estén cambiando su curso a pesar de los estremecimientos políticos y económicos que la crisis produjo [68]. Las propuestas no son sino intentos de instalar puertas de emergencia en un rascacielos dañado por un terremoto. Las reformas sobre los derivados se basan en canalizar la contratación en mercados libres a través de un sistema de compensación centralizado, de manera que la propiedad y el volumen puedan ser monitorizados (hechos “más transparentes”). Donde sea posible, la compraventa también se va a realizar a través de canales electrónicos, de manera que los acuerdos y el precio puedan ser observados. La aplicación está prevista para finales de 2012, pero ya hay discusiones entre los grandes países sobre los detalles importantes (incluyendo quién asume las pérdidas potenciales del centro de compensación, quién decide los requerimientos de márgenes, las comisiones de intermediación, etc.), que impactarán en los negocios y en la competitividad de los bancos y fondos de inversión de cada país [69]. Para poner estas propuestas en perspectiva, merece la pena esbozar brevemente algunos factores que sugieren que el sistema no puede ser cambiado:

  1. Las tres mayores agencias de calificación todavía controlan el 95% del mercado, cuatro años después de un fiasco apocalíptico. Hay pocos signos de que se esté creando una competencia en este feudo financiero. Esta es una característica de los supuestamente innovadores y competitivos mercados financieros: los monopolios establecidos raramente encuentran competencia.

  2. Trasladar la negociación libre de derivados a mercados puede ayudar a la regulación de la compraventa, pero pasa por alto dos cosas. En primer lugar, los propios mercados han sido lugar de fuertes especulaciones en muchas ocasiones en el pasado. En segundo lugar, encorsetar los mercados libres en mercados regulados está condenado a causar problemas: los mercados libres atienden a acuerdos específicos por cliente y tiene ocho veces el tamaño de los mercados ETD, que está mucho más estandarizado. Es difícil que se produzca el trasvase, dadas las diferentes funciones que cubre cada uno.

  3. Las nuevas regulaciones incorporarán sin duda nuevos vacíos legales que serán explotados, con el tiempo, por los contables, los especialistas en impuestos, los banqueros, las compañías financieras y las corporaciones capitalistas. La especulación dañina no depende de una forma concreta de negociación de los derivados, o incluso de los derivdos en sí. El impulso tras el crecimiento del mercado de derivados y de la especulación proviene de los problemas a lo ancho de la economía capitalista: la baja rentabilidad.

  4. Para resaltar este punto podemos señalar otra “innovación financiera” que se ha convertido en la última (mediados de 2011) preocupación para los reguladores: los fondos cotizados sintéticos [70]. Estos permiten a los valores no líquidos de los libros de contabilidad de los bancos actuar como garantía para la financiación que no necesariamente invierte en los valores que los inversores creen. ¿Confundido? Está completamente explicado en la página 94 de los términos y condiciones.

  5. En último lugar está la cuestión de valorar las posiciones en derivados. Cuando los bancos usaban sus propios modelos para valorar los derivados de libre negociación, ello condujo a cálculos interesados e interpretaciones idiotas. Por ejemplo, en el comienzo de una fase de pánico financiero, el director financiero de Goldman Sachs declaró que él “estuvo viendo lo que representaba 25 desviaciones estándar varios días seguidos” [71]. Se ha señalado que la probabilidad de un solo evento 25-sigma es comparable a que a uno le toque la lotería en 21 o 22 sorteos consecutivos [72], un hecho que simplemente pone de relieve que su modelo de valoración del riesgo era, por decirlo educadamente, deficiente. Algunas de las últimas propuestas de reforma sugieren que los reguladores deberían utilizar modelos de riesgo en su lugar. Si lo hicieran, entonces deberían enfrentarse a la dificultad -o deberíamos decir imposibilidad- de construir un modelo decente, aparte de tener el conocimiento para hacerlo [73]. No es un mero problema de disponer de precios y otros datos de valores no líquidos, o de medir el riesgo de que los mercados se estanquen cuando tú necesitas comprar o vender, o de resolver el misterio de cómo valorar los derivados sobre derivados de capital ficticio. Los mercados que los modelos intentan cuantificar también son frágiles, afectados por las crisis y propensos a frecuentes cambios de régimen.

Vale la pena saber lo que el enemigo está tramando, pero no ofrece ningún interés para los críticos del sistema capitalista el involucrarse en este debate sobre los detalles de la reforma financiera. Como Barack Obama dijo en un contexto diferente: “le puedes poner pintura de labios a un cerdo, pero sigue siendo un cerdo”.

9 Conclusiones

El crecimiento de los mercados de derivados durante la última década fue facilitado por cambios en la regulación gubernamental. Pero la razón principal por la que se disparó su negociación tiene más que ver con el intento de los bancos, compañías financieras y corporaciones de elevar su rentabilidad y beneficios en declive. La “innovación financiera” era una forma más fácil de hacer dinero que la inversión productiva. Los derivados ayudaron a posponer la crisis por el procedimiento de añadir gasolina a una explosión especulativa, pero hicieron la crisis peor. Los legisladores gubernamentales están planeando reformas para protegerse contra otra debacle, pero los acuerdos entre países competidores no están asegurados, incluso en lo que aparenta ser un problema compartido. En cualquier caso, las reformas no tienen visos de marcar diferencias en un sistema propenso a la crisis, y ya han aparecido temores a nuevos tipos de problemas especulativos. Ocurra lo que ocurra en este área, los ataques contra los estándares de vida para restaurar la rentabilidad van a ser herramientas clave en las políticas estatales.

Es seguramente un signo de la decrepitud del capitalismo moderno, particularmente en Estados Unidos y en el Reino Unido, cuando este se hace dependiente del apalancamiento por los beneficios provenientes de la reglamentación sobre los impuestos, los derivados financieros y otros mecanismos de esta índole. No se trata de un problema de los bancos (o las finanzas en general) contra la “economía real”. La economía real capitalista es la de la expansión del valor, irrespectivamente de su forma de valor de uso. Por eso es fácil para las corporaciones “industriales” transformar parte de sus operaciones en actividades puramente financieras. Y esto es algo especialmente sencillo cuando las lineas entre servicios financieros, operaciones de producción y actividades comerciales son difusas para las grandes corporaciones. El origen de los beneficios bancarios y financieros no son los mismos que los del capital industrial y comercial, pero las divisiones del capital están fuertemente entrelazadas, aportando negocios a las demás. Oponerse solo a las finanzas, la banca o los derivados es no darse cuenta de que se trata de un sistema único e integrado de explotación. En los Estados Unidos y en el Reino Unido, además, el sector financiero es una dimensión clave de su poder económico como países imperialistas [74]. Si esto significa que las compañías financieras son favorecidas por las políticas anglo-americanas, es algo que difícilmente debería constituir una sorpresa.

Notas

[1] La ley Dodd-Frank “Wall Street Reform and Consumer Protection Act” de los Estados Unidos fue firmada el 21 de julio de 2010. Este documento de 848 páginas tiene 161 páginas expresamente dedicadas a regular los mercados de permutas. El 15 de septiembre de 2010 la Comisión Europea implementó reformas similares a través de una regulación sobre los mercados de derivados donde se negocia directamente entre las partes. La Comisión Europea comentó: “La crisis financiera ha puesto a los derivados de negociación directa en la primera linea de la atención regulatoria. El casi-colapso de Bear Stearns en marzo de 2008, la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 y el rescate de AIG el día siguiente, pusieron de manifiesto las deficiencias en el funcionamiento de los mercados de derivados de libre negociación. Dentro de ese mercado, los reguladores dedicaron una atención especial al papel que los seguros o permutas de impago de créditos [n.del.t.: CDS por sus siglas en inglés] desempeñaron durante la crisis.” (Ver European Commission 2010, p. 5) Las autoridades del Reino Unido cuestionaron los detalles de las reformas propuestas, pero estuvieron de acuerdo en la práctica con el enfoque global. (Ver Financial Services Authority 2009)

[2] El autor desea agradecer a dos personas anónimas por sus útiles comentarios en un borrador anterior de este texto.

[3] En mi carrera anterior, trabajé durante 20 años en las salas de operaciones de los bancos de la City de Londres, llevando grupos de investigación. Durante ese tiempo, mientras trabajaba para dos bancos, el primero norteamericano y el segundo europeo, tomé posiciones en permutas de tasa de interés y en futuros, valores de divisa a plazo, contratos de futuro sin entrega física y variadas opciones de divisas, tanto básicas como complejas. La posibilidad de observar tanto de los negociadores como a sus clientes (corporaciones no financieras, fondos de pensiones, fondos de cobertura, bancos centrales, etc.) me permitió obtener una perspectiva desde dentro de las dimensiones de la “economía especulativa” y de la “economía real” de los mercados de derivados financieros.

[4] Ha sido ampliamente difundido que un gran banco de inversión de Estados Unidos como Goldman Sachs tuvo un papel central en la gestión de un programa para el gobierno griego, centrado en derivados, cuyo objeto era ocultar el estado real de las finanzas públicas a ojos de las autoridades de la Unión Europea antes de su entrada en el euro en 2001. Ver Clark, Stewart y Moya 2010.

[5] Wolfgang Münchau escribió: “Generalmente no me gusta proponer prohibiciones. Pero no puedo entender por qué todavía permitimos el comercio de CDS a quien no tiene la propiedad del valor subyacente… Los CDS “desnudos” son el instrumento preferido de los que hacen grandes apuestas contra los gobiernos europeos, lo más reciente en el caso de Grecia.” (Ver Münchau 2010). Una posición de derivados “desnuda” es la del negociador o comprador que no posee en realidad un valor subyacente al que dar cobertura.

[6] Ver Hull 2009 como manual fácil de comprender sobre la mecánica de cómo se pone precio a los derivados, incluyendo los derivados sobre el clima.

[7] Sin embargo, para contratos de futuros de tasa de interés a corto plazo, a la fecha de vencimiento uno no acaba poseyendo LIBOR a 3 meses, etc., sino que paga u obtiene una compensación en efectivo, dependiendo de la diferencia entre el precio de la liquidación y el precio del contrato.

[8] Bryan y Rafferty 2006a, p. 90.

[9] Ver Marx 1974b, p. 468 [n.del.t. Marx El capital, libro III; Siglo XXI , 2017, cap. 29, pag. 542-3]. Este capítulo contiene los comentarios más útiles de Marx sobre capital ficticio, y sobre la distancia entre el concepto de capital ficticio y capital real y mercancías.

[10] Como manual útil sobre opciones, futuros, swaps y otros derivados, ver Hull 2009.

[11] Bryan y Rafferty 2006a, p. 93.

[12] Bryan y Rafferty 2006a, p. 77.

[13] Ver también las observaciones sobre el análisis de Bryan y Rafferty en Lapavitsas 2006, p. 151, donde dice que los derivados “no representan mercancías, ni está claro el sentido en el que sean dinero”.

[14] Bryan y Rafferty 2006b, p. 214.

[15] Bryan y Rafferty 2006b, pp. 208-9. Su libro es un estudio útil de muchos aspectos de los derivados y parte de su historia más relevante. Ellos también hacen la apreciación útil de que las permutas de tasa de interés entre divisas (cross-currency interest-rate swaps), por ejemplo, pueden ser utilizados para reducir los costes netos de financiación entre las partes de un acuerdo, en lugar de actuar como “seguros”. Sin embargo, al no colocar los derivados en el contexto de la acumulación del capital y la crisis, presentan una idea que puede dar lugar a equívocos sobre el papel que los derivados juegan en el sistema.

[16] McNally 2009 aporta un buen análisis del crecimiento de los derivados en el contexto de la crisis capitalista. Mi artículo examina más de cerca el papel de los derivados en la crisis y analiza fenómenos más recientes.

[17] Ver Marx 1974a, p. 115: “Nadie puede vender sin que otro compre. Pero nadie necesita comprar inmediatamente por el solo hecho de haber vendido … Estas formas [de movimiento entre las fases de la metamorfosis de la mercancía] entrañan la posibilidad, pero únicamente la posibilidad, de las crisis. Para que dicha posibilidad se desarrolle, convirtiéndose en realidad, se requiere todo un conjunto de condiciones que aún no existen, en modo alguno, en el plano de la circulación simple de mercancías.” [n.del.t. Marx, El capital vol. I, Siglo XXI, 2017, pag. 167]

[18] El mercado de arroz Dojima en Osaka, Japón, es considerado el primer mercado oficial de futuros, comenzando su negociación de futuros en 1730. La Chicago Board of Trade comercializó el primer contrato de futuros estandarizado en 1864. La London Metal Market and Exchange Company fue fundada en 1877. Precisamente, como prueba adicional de la base en la economía real de la negociación de futuros, podemos añadir cómo el límite inicial de tres meses en los futuros de intercambio de metal se basó en el tiempo que empleaba un vapor cargado de cobre en viajar desde Chile hasta Londres. Ver London Metal Exchange, 2011.

[19] El autor hizo estos cálculos a partir de datos del BIS (ver el anexo estadístico del BIS 2010a) sobre derivados negociados directamente entre las partes. Para los derivados negociados en mercados organizados (ETD por sus siglas en inglés de Exchange Traded Derivatives), la distinción hecha por estos mercados de los Estados Unidos es normalmente entre transacciones “no comerciales” y “comerciales”. Los acuerdos alcanzados por compañías con exposición a coberturas son clasificadas como comerciales. Los acuerdos no comerciales tienden a predominar en los mercados ETD también. Se asume comúnmente, aunque no hay justificación, que los acuerdos “comerciales” están relacionados con las coberturas, mientras que los acuerdos “no comerciales” son en mayor medida -o completamente- especulativos por naturaleza.

[20] El BIS distingue entre compañías financieras, separándolas entre “reporting dealers” [n.del.t.: los negociadores que informan al BIS de sus contratos negociados fuera de mercados organizados], los “hacedores de mercado” profesionales y “otras instituciones financieras”. Todos las operaciones están hechas en un lado por “reporting dealers”, pero, si nos fijamos en la otra parte del trato, en todas las categorías de derivados negociados (excepto en CDS), la categoría “otras instituciones” tiene un volumen de derivados por encima del que los negociadores tienen entre ellos mismos. Ver BIS 2010c.

[21] Ver Pennings y Maulenberg 1999 para detalles de contratos fallidos para derivados sobre materias primas en los mercados de materias primas y futuros,así como para una discusión más profunda sobre las características esenciales de un contrato de derivados. Por definición, los contratos de mercado libre (OTC) entre los bancos y sus clientes vienen normalmente muy determinados por las demandas de los clientes. Esto no quiere decir que los bancos no quieran vender productos que sean rentables para ellos aunque pudieran ser malos para sus clientes, pero tiene que haber una demanda del producto por los clientes de los bancos.

[22] Los comúnmente usados datos del BIS sobre el volumen de negociación de derivados muestran números enormes del orden del billón de dólares. Sin embargo, el mismo BIS hace notar que la escala de negociación en el mercado no es un buen indicador de la escala de riesgo de mercado. Ver BIS 2010c, p. 9. A junio de 2010, el monto teórico total de los derivados presentes en el mercado no regulado alcanzó los 582 billones de dólares. Pero esto era casi 24 veces el “valor de mercado bruto” estimado de 24,7 billones de dólares, que es una estimación más próxima al riesgo del mercado. Por ejemplo, una opción para comprar un millón de dólares de una divisa puede tener un valor de mercado de solo 5.000 dólares, dado el plazo y el precio de ejercicio de la opción. Los 5.000 dólares son el valor bruto de mercado, mientras que el millón de dólares es el monto teórico de la opción.

[23] La liquidez de un mercado se refleja en cuánto tiene que variar un precio para concretar un acuerdo. También es verdad que los bancos venden la idea del derivado a sus clientes con la intención de cobrar una comisión, y el acuerdo no tiene por qué ser el mejor para el cliente. Se pueden encontrar ejemplos de estas situaciones en numerosos informes de mercado; ver, por ejemplo, Das 2006

[24] Los bancos ofrecen productos de cobertura a todas las empresas, pero los márgenes que cargan a las empresas más grandes serán menores, y los términos más ventajosos. La empresa más grande tiende a tener una calificación crediticia mejor y ser más importante para el negocio del banco que la más pequeña.

[25] Estos comentarios están basados en mis observaciones sobre el comportamiento de la empresa mientras trabajaba en la banca.

[26] Según la experiencia del autor, las compañías japonesas de seguros de vida, poseedoras de un enorme volumen de valores norteamericanos, han causado violentos cambios en la tasa de cambio entre el dólar y el yen como resultado de cambios en su ratio de cobertura sobre bonos de los EEUU.

[27] Estas son definiciones estándar de distintos tipos de negociadores que se usan habitualmente como indicadores para distinguir a los especuladores del resto.

[28] Un reciente informe del Senado de los Estados Unidos sobre la especulación también apuntaba que la linea entre especulación y cobertura es “extremadamente difícil de trazar”. US Senate 2009, p. 54.

[29] Ver Rogoff y Reinhart 2008.

[30] Citado en Kindleberger 2000, p. 34.

[31] El análisis más sistemático sobre la teoría de Marx del descenso en la tasa de ganancia, sus contratendencias y su relación con la especulación y las crisis se puede encontrar en Grossmann 1992. El libro fue publicado por primera vez en Leipzig en 1929, y la traducción al inglés disponible es una versión resumida realizada por Jairus Banaji. La edición alemana, mucho más larga, incluye un capítulo final que pone fin a cualquier idea acerca de que el análisis de Grossman sea mecanicista, o de que él esperara el colapso automático del sistema capitalista.

[32] El rechazo de las llamadas políticas económicas keynesianas anteriores, así como la promoción de las finanzas comenzó con anterioridad a los años de Thatcher y Reagan, aunque se aceleró a partir de 1979. Se pueden encontrar algunos ejemplos relativos al Reino Unido en Norfield 2011a.

[33] Para una útil revisión de este tema, ver Helleiner 1994.

[34] Los Estados Unidos publican las estadísticas más exhaustivas sobre beneficios corporativos y activos fijos de entre las economías más importantes, y lo han hecho durante un período histórico más prolongado.

[35] Fui introducido en el uso de las estadísticas estadounidenses sobre rentabilidad a través del trabajo de Andrew Kliman, que ha tratado en profundidad el problema del declive a largo plazo de la tasa de ganancia en los EEUU; ver, por ejemplo, Kliman 2009. Sin embargo, los cálculos e interpretaciones de los datos aquí presentados son míos. Los beneficios domésticos de los EEUU fueron fortalecidos en cierta medida por la expansión del comercio con China y con otros países desde principios de los 1980, y por un ataque contra las condiciones de vida de la clase trabajadora estadounidenses, pero el impacto es difícil de cuantificar.

[36] También hubo un aumento en las ganancias en las mediciones tras el pago de impuestos debido a las rebajas a los impuestos corporativos. La tasa de ganancia medida aquí está basada en los beneficios corporativos divididos por los activos de capital fijo. Hablando estrictamente, los valores de salarios adelantados y materias primas deberían ser también incluiidos en el denominador, pero no es posible calcular estos elementos. Los datos deberían ser ajustados de otras formas para aproximarse mejor a una “tasa de ganancia a lo Marx”; pero esto requeriría unas presuposiciones cada vez más discutibles. No quiero decir que una bajada de la tasa de ganancia un año provoca una crisis al siguiente. Lo importante es que la tendencia global a la baja a largo plazo crea las condiciones para que florezca la actividad especulativa, ya que otras formas de inversión de capital más productivas pierden atractivo.

[37] En 2001-3, el crecimiento económico en el área OCDE en su conjunto fue inferior al 2%, comparado con una media del 3% durante los 15 años anteriores. El crecimiento de los EEUU estuvo rondando esta media; el crecimiento alemán y japonés había caído abruptamente a niveles más débiles. Ver OCDE 2010 Annex Table 1. El declive en el crecimiento ya estaba en marcha antes de los ataques de septiembre de 2001 contra los EEUU.

[38] Mi visión es que la tasa de beneficio global sobre la inversión capitalista tiende a caer con el tiempo. Se mueve en ciclos, dependiendo de un amplio rango de factores, pero la tendencia a largo plazo va a seguir su curso a no ser que sea detenida por la destrucción de capital que tiene lugar durante una guerra y por una reevaluación de los activos de inversión que dispare la tasa de beneficio. El gráfico no muestra los datos anteriores a 1945, pero en los primeros 1930, antes de la Segunda Guerra Mundial, la tasa de beneficio de los EEUU se movió entre el -2% y el +5%.

[39] Crotty 2007 es una valiosa fuente acerca de cómo la “innovación” es un valor en la rentabilidad bancaria. Fue tan loca en las últimas etapas del boom que un analista de la City hizo popular otra tendencia para crear “fondos de fondos” para inversores (supuestamente para diseminar el riesgo, pero en realidad para ganar comisiones), y luego “fondos de fondos de fondos”. Esto terminaba, según él, en infinitos fondos de fondos de…

[40] Esto se ve de forma más clara en la subida y bajada de los índices de apalancamiento, especialmente entre las corporaciones financieras.

[41] En este sentido, los derivados y las compra-ventas del sistema financiero no son un juego de suma cero para la acumulación de capital, a pesar de jugarse en la esfera de la circulación. Considérese un sencillo ejemplo con no-derivados. Si una empresa emite acciones cuyo precio sube, los compradores han hecho una ganancia de capital. Pero la “pérdida” de la empresa (podría haber vendido a un precio más alto) es también una ganancia. Su capitalización en el mercado es más alta, y esto es una garantía para prestamos de inversión de los bancos y otros créditos de los mercados de capital.

[42] En el período 2006-9 tuvieron lugar comités de investigación del Senado de los EEUU sobre especulación en el precio del petróleo, del gas y del trigo. Un ejemplo temprano de especulación fue el intento de los hermanos Hunt de acaparar el mercado de la plata en los 1970. La especulación de hoy día tiene unos alcances mucho más globales, implicando vastas sumas de capital.

[43] Ver la evidencia dada en una audiencia de un comité del Senado de los EEUU sobre especulación en el precio de las materias primas por el gestor de un fondo estadounidense, Michael Masters (Masters 2008). No estoy de acuerdo con muchas de las afirmaciones hechas en ese artículo, pero la visión general de la involucración institucional en materias primas es correcta, y hay una buena estimación de la cantidad de activos de fondos involucrados en estos mercados que utilizaré más adelante.

[44] Los indices de precios de las participaciones calculados para EEUU, Reino Unido y Alemania a partir de datos disponibles en Dailyfx.com. Para tendencias de tasas de interés en los países más poderosos, ver Homer y Sylla 2005, p. 668, Tabla 90.

[45] Esto condujo a una rareza en los mercados de materias primas que dejó confusos a los observadores:la demanda derivada de las posiciones de futuros a largo plazo renovadas no redujo el nivel de las existencias en los mercados de futuros. Por lo tanto, los precios habían aumentado sin que la mayor demanda frente a la oferta se reflejara en unas existencias más bajas.

[46] Ver ABP Investment Objectives, n.d.

[47] Ver CalPERS 2007 y Kishan 2008.

[48] Ver Ontario Teachers’ Pension Plan 2009. p. 108. Ellos también hacen notar la caída en tasas de interés reales en la p. 15.

[49] La tasa de ganancia de las empresas capitalistas en el sector productivo de la economía, los rendimientos de los bonos y los dividendos pagados por acciones de la empresa son cosas diferentes movidas por distintas causas. Sin embargo, el sector productivo es el creador de la plusvalía que es redistribuida a través de los mercados financieros para habilitar los pagos de intereses y dividendos. Según nuestra visión, el factor que determina la tendencia a los rendimientos financieros más bajos es la caída en la tasa de ganancia subyacente. Como contraste, Duménil y Lévy 2004 basan su tesis sobre la dominación financiera en las tasas de interés real más altas de los 1980 que siguieron al cambio de la política monetaria norteamericana en 1979. Pero ellos no comentan ni explican la caida de la tasa de interés real desde finales de los 1980 y que se adentró en los 90 (a pesar de que su Figure 9.1 llega hasta 2001 (Duménil y Lévy 2004, p. 70)). Las tasas de interés real cayeron aún más en los 2000.

[50] Este no es el lugar donde discutir a qué se podría parecer un plan de pensiones socialista. Simplemente queremos poner de relieve un área de las finanzas que no suele ser tenida en cuenta. Hay muchos fondos de pensiones y de dotaciones que hacen inversiones en todo tipo de activos desde bonos hasta participaciones de capital. Aparte de en mercancías, pueden invertir en activos inmobiliarios, bosques y madera, infraestructuras, fondos de capital o fondos de cobertura. No todos van bien. La agencia Bloomberg informó de que el fondo de dotación de la Universidad de Harvard perdía a mitad de 2009 más del treinta por ciento de su valor con respecto a un año antes, debido en parte a su paso a las inversiones de capital. Ver Wee 2009.

[51] Ver, por ejemplo, McNally 2009 y Dos Santos 2009 para una cobertura útil de este punto. Das 2006 provee un relato legible de los aspectos técnicos de los valores que se trata en esta sección, incluyendo los distintos tramos de crédito de CDO que no discutiremos aquí.

[52] Ver SIFMA 2011.

[53] En el año 2000, los beneficios del sector corporativo financiero norteamericano fue de 206.100 millones de dólares, ascendiendo hasta los 427.600 millones en 2006. Los beneficios de las compañías no financieras estadounidenses también subieron de forma considerable, doblándose hasta los 923.900 millones de dólares, ayudados por la reducción de los pagos de intereses mientras caían los tipos y por el crecimiento propulsado mediante crédito.

[54] Ver Das 2006, capítulo 9.

[55] Quizás el ejemplo más famoso se dio cuando la SEC estadounidense demandó a Goldman Sachs por permitir a un cliente de sus fondos de cobertura elegir las hipotecas en un CDO que fue vendido a otros inversores. El fondo de cobertura ganó 1.000 millones de dólares apostando a que la valoración crediticia del CDO se desplomaría. Ver Gallu y Harper 2010.

[56] Ver ISDA 2001 y BIS 2010c. Tras la crisis de 2007-8 la escala de este mercado se desplomó a la mitad, hasta alcanzar “solo” los 30 billones de dólares.

[57] Ver Dos Santos 2009, pág. 202; Levine 2010, pág. 5 para saber sobre los aspectos relativos al ahorro de capital. Los datos del BIS muestran a los bancos comprando y vendiendo volúmenes enormes de CDS, pero siendo generalmente compradores netos (las cifras se compensan bastante). Ver BIS 2010c, pág. 19, Tabla 4. AIG la aseguradora norteamericana posteriormente comprada por el gobierno de EEUU, también fue un enorme vendedor de “seguros” CDS, ayudada por su calificación crediticia superior AAA. Es necesaria una calificación crediticia alta para que tu aseguramiento sea valioso para el comprador.

[58] Ver Barnett-Hart 2009 para una investigación detallada de la calidad crediticia de los CDO, incluyendo una exposición del papel de los bancos y de las agencias de calificación al inflar las calificaciones crediticias de estos valores. Su análisis muestra que un factor importante en la caída de la calidad del crédito fue la antigüedad del prestamo. Aquí no tenemos que entrar en las prácticas asociadas de la auto-certificación y las hipotecas “NINJA” (“sin ingresos, sin trabajo y sin posesiones” por sus siglas en inglés) de los bancos que trataban desesperadamente de fomentar más negocios.

[59] Ver Das 2006, pág. 270-81. El otro fenómeno significativo en este momento fue la crisis financiera (limitada principalmente a los EEUU) causada por el colapso del gran fondo de cobertura estadounidense LTCM en 1998. LTCM había comenzado con operaciones de arbitraje entre valores similares y había obtenido fuertes beneficios, pero conforme crecía se encontró con que, para obtener mayores beneficios, dependía de operaciones con enorme apalancamiento utilizando derivados en un rango cada vez más amplio de valores. El impago de la deuda rusa causó un pánico mínimo en los mercados, pero hizo que se rompieran lo que antes eran fuertes correlaciones estadísticas. Esto causo la destrucción de la estrategia de negocio de LTCM y llevó a su desaparición. La crisis asiática de 1997, por contra, no tuvo apenas relación con derivados. El disparador fue un enfriamiento en la acumulación de capital, la especulación rampante y la salida de unas aportaciones de fondos a corto plazo que habían sido atraídas por las altas tasas locales de interés.

[60] Se puede obtener una revisión útil de la situación que llevó a los problemas económicos de los países del euro en Lapavitsas, Kaltenbrunner, Lindo, Michell, Painceira, Pires, Powell, Stenfors and Teles 2010.

[61] Ver ISDA 2010. La nota de prensa de ISDA también estaba en lo cierto al resaltar el hecho de que si los especuladores hubieran hecho subir el riesgo crediticio de los bonos griegos más allá de los rendimientos de los mercados al contado, la acción del arbitraje hubiera hecho que su difusión cayera. Existen debates acerca de si la transparencia de los mercados de derivados, a pesar de su pequeña escala, significa que estos pueden dirigir los precios de los mercados al contado. Pero en el caso de Grecia no tiene sentido afirmar que los CDS causaron la crisis.

[62] Ver Norfield 2011b, donde se hace notar que una alta proporción de deuda externa a los bancos es adeudada por el sector privado.

[63] Ver Levine 2010 para los puntos (a) hasta el (d), Greenberger 2008 para el punto (c) y Masters 2008 para el punto (e).

[64] Siguiendo su crítica devastadora de los fallos regulatorios, Levine 2010 propone establecer un “centinela” con poderes para obtener información: “La única responsabilidad del Centinela sería generar un informe anual a las ramas legislativa y ejecutiva del gobierno valorando el impacto presente y a largo plazo en el público de la regulación financiera y las reglas y prácticas de supervisión”. Posiblemente esta petición no cuaje, pero será necesario implementar otras políticas para restringir el volumen del apalancamiento bancario e incrementar la cantidad de capital que los bancos deberán reservar para sus operaciones (Basilea III).

[65] Los centros financieros de los EEUU y el Reino Unido dominan los mercados globales en prácticamente todos los productos financieros. Los datos de la OIT de 2006 indican que el cinco por ciento de la fuerza de trabajo de los EEUU está empleada en “intermediación financiera”.

[66] Las estadísticas del Reino Unido muestran que el sector financiero del país cuenta con un millón de empleos (un 3 o 4% de la fuerza de trabajo), pero un 7% del PIB y un 11 o 12% de ingresos fiscales. En otras palabras, un sector de alto valor de la economía británica. Price Waterhouse Coopers publica un informe periódico sobre ingresos fiscales para la City de Londres, dando la información de impuestos (ver Price Waterhouse Coopers 2010). Londres es el centro bancario mundial más diversificado, con el mercado de divisas más grande.

[67] Ver Norfield 2011a para un análisis de cómo el sector financiero es clave en la posición económica del Reino Unido, proporcionando importantes beneficios y financiando la exportación rentable de capital de inversión directa.

[68] Acerca de la normativa Basilea III, se puede encontrar un buen resumen de las propuestas para regular el apalancamiento bancario, redefinir el capital bancario, etc., en BIS 2010b.

[69] Ver el editorial del Financial Times ‘Swaps bickering’, del 10 de julio de 2011.

[70] Ver Bank of England 2011, pp. 13-15.

[71] Ver Larsen 2007.

[72] Ver Dowd, Cotter, Humphrey y Woods 2008.

[73] Según mi experiencia profesional, tuve a un graduado en matemáticas trabajando para mi como “cuantitativo” para construir un modelo de cambio de divisas donde la característica importante era el valor del coeficiente de una variable particular. Después de que me dijera el resultado, le cuestioné el cálculo y descubrí que había confundido las variables dependientes y las independientes. Más tarde se fue a trabajar a Citigroup.

[74] Este factor de status económico y político es algo que los EEUU y el Reino Unido van a luchar por conservar, aunque la pelea va a ser mucho más dura para ellos en los años venideros con el auge de los economías que buscan más independencia política y económica, y que están viendo el crecimiento de sus propios sectores financieros, como es el caso de China.

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