Manifiesto

La crisis capitalista ha puesto de manifiesto en nuestro país, al igual que en otros sitios, que el capital para salir de sus crisis ha empleado sus recetas habituales: cierre de las empresas menos rentables, concentración de capitales (la banca es un ejemplo pasando de  unas 50 entidades al inicio de la crisis a poco más de 12 en la actualidad), privatización/mercantilización de sectores económicos de economía mixta o publica, despido masivo de trabajadores, bajada generalizada de los salarios (directos, indirectos y diferidos), empeoramiento de las condiciones de trabajo (dos reformas laborales) que conllevan un abaratamiento del despido y una indefensión de los trabajadores frente al capital. En definitiva este gobierno, al igual que los anteriores, han realizado las políticas necesarias para que el capital restaure su tasa de ganancia y con ello salga de su crisis.  Por eso hablan de que ya estamos saliendo de la crisis.

Que haya más de 5 millones de parados, que los contratos sean cada vez más precarios que los salarios apenas alcancen para lo más básico, etc. etc., entra dentro de lo que el capital y sus gobiernos de turno,  consideran como un mal menor. Lo importante es crecer a cualquier precio. Recordamos que, cuando no había crisis para el capital, había no obstante crisis para la clase obrera. En los mejores momentos del gobierno anterior había 1.900.000 parados, 1.800.000 personas con contrato a tiempo parcial y un 35% de precariedad… La conclusión es obvia, en los momentos de crisis del capital, como es el actual,  las condiciones de sobre-explotación alcanzan a más personas y a los que no nos pueden explotar, nos desprecian. El capitalismo vive y se reproduce de la explotación del trabajo.

Ante esta situación la respuesta de la clase obrera ha sido parcial y descoordinada.

La política de las organizaciones de la izquierda institucional se han limitado a denunciar las políticas del gobierno de turno (PSOE/PP) proponiendo políticas que sólo suponían tímidas reformas que aliviasen estas condiciones de sobre-explotación y prometiendo una salida progresista de la crisis. No hay ningún ejemplo en la historia que pueda demostrar que esto ha sido posible. El capital sale de sus crisis haciendo justo lo que está haciendo. Los gobiernos no están para hacer políticas que favorezcan a la mayoría de la población, están para garantizar que la tasa de ganancia del capital sea un hecho.

Por su parte las organizaciones de la izquierda situadas fuera de las instituciones siguen siendo marginales y su influencia en el conjunto de la clase obrera es apenas significativa.

Para garantizar que todo esto siga igual, el capital está alentando la creación de nuevas organizaciones políticas que canalicen este malestar hacia vías que sigan la senda institucional y parlamentaria. Es decir que todo cambie para que todo siga igual. Una nueva transición. La primera parte ya la han hecho con el cambio de monarca, ahora están en la segunda etapa.

Ante este panorama somos muchos y muchas las personas que nos resistimos a aceptar esta situación como irreversible.

Planteamos a todas aquellas personas, colectivos y organizaciones que saben que la salida de esta situación no está en limar las aristas del capital, sino de la necesidad de acabar con el mismo capital; es decir, en la lucha por una sociedad sin explotadores ni explotados, en la lucha por el Socialismo. Necesitamos esa herramienta colectiva que indique a nuestra clase que dentro del capitalismo no hay salida. De ahí que aspiramos a en la medida de nuestras fuerzas a trabajar por confluir con otros y otras en esa tarea común.

Somos conscientes de que nosotros, los trabajadores tenemos un interés de clase enfrentado al capital en lo socio-económico. Es en ese terreno en el que estamos incluidos como miembros de la misma clase social y en el que frente a la explotación no tenemos diferencias, precisamente por existir una completa identidad de intereses.

En la izquierda hay diversidad de pensamiento y por ello no existe un referente de lucha a favor de nuestros intereses globales como clase, de ahí que sea necesario recuperar la lucha ideológica –cuyos pilares sean la lucha de clases y el proyecto de sociedad socialista- como elemento central de la acción política, ideología sencilla a la vez que explicativa y muy apegada a la realidad.

De la misma manera, al realizar un estudio de la crisis económica, hemos identificado que esta crisis, y todas las anteriores, son consustanciales al modo de funcionamiento del sistema capitalista en el cual vivimos y por lo tanto rechazamos las explicaciones simplistas. No somos consumidores del discurso previamente elaborado por los transmisores de la ideología capitalista dominante.

Una vez que hemos identificado el problema sabemos que la solución no pasa por cambiar un gobierno por otro dentro del marco capitalista, es necesario un cambio de modelo de sociedad. El sistema capitalista en el que vivimos se rige por unas leyes orientadas que no persiguen una mejora de vida para la mayoría, sino que en cambio estas leyes están pensadas, por decirlo simplemente, para la acumulación de capital.

Por todo esto reconocemos que la única solución posible es el cambio de las relaciones sociales en las que vivimos. Es el cambio en el modo de vida para que las personas sean tratadas como seres humanos y no como mercancías. Es un hecho comprobado que cualquier intento por cambiar la forma en que nos relacionamos es contrarrestado por el capital con descalificaciones, mentiras, represión, golpes de estado, guerras…etc.

Esta realidad que se nos presenta, la queramos o no, con pérdida de derechos laborales, explotación en trabajos que no permiten vivir con dignidad, aumento de beneficios de los capitalistas y empobrecimiento masivo de los trabajadores únicamente se puede combatir estando organizados. Vemos la necesidad apremiante de una organización de la clase frente al capital para la lucha por nuestros intereses.

Dentro de la organización es fundamental la formación de cuadros militantes, activistas que transmitan reflexiva y críticamente sus posiciones y las de su organización en su entorno social. Este cuadro político debe ser capaz de dar respuesta a las preguntas más complejas y menos evidentes, de forma directa y personal. Ha de ser en definitiva un cuadro político operativo capaz de transmitir la teoría a la práctica de la vida cotidiana.

Esta organización debe tener firmeza en los principios y flexibilidad en la forma de aplicación y recoger además la base en su práctica general de la experiencia de los más de dos siglos de lucha de la clase obrera. Las formas de organización en cada momento histórico concreto, deben estar subordinadas a los intereses de clase, deben ser abiertas, sin clichés, sin esquemas ni normas estrechas y extremadamente flexibles, por tanto tenemos que edificar una casa en la que quepamos todos y en la que haya el mínimo peligro de habitabilidad, regida además por el máximo de libertad y democracia.

Los trabajadores han elaborado sobre la base de su práctica general sus propios principios:

          Primero. Esta organización de los trabajadores, debe luchar por las mejoras inmediatas, como medio de mejorar desde ahora las condiciones de existencia de los trabajadores, debe movilizar a toda la clase y darle conciencia sobre la base de sus éxitos y fracasos, de sus luchas diarias, ligándolas con la perspectiva general de la clase, de la necesidad de suprimir la explotación de las personas por las personas.

          Segundo. El movimiento obrero tiene necesariamente que ser de masas también, ya que sólo el conjunto organizado de la clase puede imponer con su lucha los objetivos marcados.

          Tercero. El movimiento de los trabajadores en lo táctico-organizativo debe hacer uso de cuantas herramientas disponga, convenios colectivos, prensa, elecciones etc., combinando con huelgas, manifestaciones, protestas de todo tipo, etc., es decir desarrollando la lucha de clases. Debe mantener sus principios con vistas al cambio de sociedad y no desdibujarse en las herramientas utilizadas.

En coherencia con nuestro llamamiento vemos la necesidad de un programa, que debe ser una herramienta que nos permita trabajar con otros colectivos. Por ello nos hemos dotado de un programa político de mínimos para la resistencia. Este programa beneficioso para la mayoría, es realizable y va dirigido contra  los intereses de una minoría, la minoría capitalista. Este programa está abierto, es susceptible de discusión y cambios, en definitiva solo pretende ser un denominador común para empezar la lucha que tenemos ante nosotros.

  1. Salario mínimo de 1.000 €
  2. Ninguna pensión por debajo del SMI
  3. Extensión y ampliación de la prestación por desempleo.
  4. Reforma Fiscal: progresividad, persecución del fraude fiscal, la economía sumergida y los paraísos fiscales. Revisión de la legislación sobre las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV). Dotar de infraestructuras de todo tipo a la Inspección de Fiscal de la Hacienda Pública.
  5. Banca pública como corolario de la nacionalización de la banca privada y las cajas de ahorros.
  6. Nacionalización de los sectores estratégicos de la economía.
  7. Ley sobre la Obsolescencia programada.
  8. Control y democratización de los canales de distribución y comercialización del sector primario de la economía a fin de evitar situaciones de oligopolio que inciden negativamente sobre los precios      pagados a los productores y sobre los precios pagados por los consumidores.
  9. Efectiva separación entre las iglesias y el Estado.
  10. Por la Unión de los pueblos, salida del €, no al pago de la deuda y la recuperación de la soberanía
  11. Contra las intervenciones imperialistas y salida de la OTAN.

De la misma forma entendemos que es necesaria la creación de un programa a medio y a largo plazo que vaya en función de nuestros intereses de clase, es decir que acabe con la explotación de las personas por las personas.

Esto significa cambiar las relaciones sociales de explotación del capitalismo por las relaciones de control por parte de la sociedad, de los medios de producción como de distribución y de fuerzas de trabajo aplicadas. Esto implica una planificación y organización colectiva consciente de la vida social y económica, socialismo como medio de garantizar una vida digna.

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